Cada 1 de septiembre la Iglesia celebra a San Egidio Abad, una figura venerable del siglo VII que se convirtió en uno de los catorce Santos Auxiliadores, invocados especialmente en la Edad Media. Su vida, envuelta en la leyenda, lo presenta como un ermitaño de origen ateniense que buscó la soledad para dedicarse a Dios.
Según la tradición, Egidio (o Gil) nació en el 640 y se retiró a los bosques cercanos al río Ródano, en la Galia, para vivir una vida de oración y penitencia. Se cuenta que fue herido accidentalmente por una flecha mientras protegía a una cierva de los cazadores del rey visigodo Wamba. Esta herida, que lo dejó cojo, lo hizo patrón de los mutilados y discapacitados.
El rey, impresionado por su santidad, le donó tierras para construir un monasterio, la famosa Abadía de Saint-Gilles-du-Gard, que se convirtió en un importante centro de peregrinación en el camino a Santiago de Compostela. San Egidio fue su primer abad, destacándose por su sabiduría, humildad y capacidad de aconsejar a nobles y plebeyos.
Se le atribuyen milagros, incluyendo la intercesión para el perdón de los pecados del emperador Carlomagno, revelados a través de una carta milagrosa. Es invocado contra la peste, el fuego, el pánico y por los mendigos y herreros. San Egidio falleció el año 721.