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viernes, 21 junio, 2024

Así manipulaba el falso lama Losel a su secta: «Yo no soy como tú, soy de otra especie»

El Juzgado Número 1 de lo Penal de Guadalajara le ha impuesto a Carlos H.O. una pena de 6 meses de prisión y el pago de 20.000 euros por un delito de asociación ilícita coercitiva. Carlos, autoproclamado Lama Losel, fue el fundador de la secta Senderos del viento (fundada a principios de la pasada década), y se ha convertido en el primer líder de una secta en ser condenado en nuestro país por manipular a sus fieles.

Consiguió que las víctimas le pagasen las reformas de su casa y hasta los implantes dentales. Algunos pagaron más de 20.000 euros, aunque fuentes próximas a la investigación cifran en 200.000 el dinero que Carlos podría haber obtenido de sus fieles. Logró sacarles ese dinero en conceptos tan surrealistas como ‘cirugías astrales’ o ‘cursos de sanación con el Espíritu Santo’, además de hacerles que financiasen el CD que grabó, de música hecha con cuencos tibetanos.

¿Cómo lo conseguía? El Periódico de España, del mismo grupo editorial que este diario, ha accedido a algunos de los audios del caso en los que, por ejemplo, convence a los miembros de la secta de que él es un enviado de Dios, que es hermano de Jesucristo, que los lamas del Tíbet vinieron a buscarle a España cuando era pequeño, pero que el franquismo evitó que se marchase a vivir con ellos. Insulta o presiona a las víctimas y hace ostentación de una obsesión por el sexo que lo impregna todo.

El origen

Carlos H.O., nacido en Madrid en 1974, fue encadenando trabajos como guarda de seguridad o auxiliar de mantenimiento hasta 2011, año en el que fundó la secta Senderos del viento. A sus fieles, sin embargo, les contaba que fue un personaje iluminado desde niño y que lamas asiáticos vinieron a buscarle, pero que sus padres no le dejaron marcharse porque era la época del franquismo. También les convencía de que él no era como los demás, su naturaleza no era humana, tenía línea directa con Dios y Jesucristo era su hermano.

La mística

Carlos se creó un personaje para embaucar a los miembros de la secta, en el que se presenta como un ente sobrenatural. Constantemente asegura a los fieles que él, aunque a veces se comporte como un humano normal, no es una persona corriente. Y convence a los fieles de que a él le salen unas heridas en las manos, que son estigmas y que es algo que piensa poner en manos de la ciencia… en cuanto pueda. Con estas tácticas llegó a levantarle 20 mil euros a una pareja captada por su secta.

El gurú se humaniza

A pesar de su presunta naturaleza sobrenatural, a veces se manifiesta su parte más mundana. Como cuando se pone a comer unos snacks en mitad de una clase. Esa faceta más terrenal le fue sugerida, según dice en los audios, por el propio Jesucristo. En una presunta conversación que ambos mantuvieron, Carlos se queja de que sólo se le acercan freaks. Se rompe diciendo: «Señor, estoy hasta los huevos de que sólo se me acerque peña rara» y le pregunta al hijo de Dios qué tiene que hacer para cambiar esa dinámica. Jesucristo, según explica, le da la clave: «Di más tacos y tómatelo todo a coña porque yo me reía mucho cuando vivía en la tierra». También insulta a una de las fieles llamándola zorra y concluye su intervención asegurando que «las mujeres son un coñazo».

El sexo

Si hay algo que obsesiona a Carlos es el sexo. Gran parte de las conversaciones que mantiene con el resto de la secta versan sobre cuestiones sexuales. Sostiene que las personas espirituales (como él) no tienen semen o flujo, sino una sustancia sagrada llamada amrita con la que puede curar enfermedades. Y que un hombre con un catarro, si recibe el flujo de su mujer, en dos días está trabajando sin necesidad de Frenadol. También propone a las mujeres de la secta cambiarles la vida con un sistema que sólo él conoce: el lefazo místico.

Carlos H.O. acabó aceptando el acuerdo judicial que le condenaba a 6 meses de prisión y el pago de 20.000 euros. Al entrar en la sala le anunció a la juez que se había arrepentido y que no aceptaba el acuerdo. La magistrada le recordó que se enfrentaba a una pena de 6 años de cárcel y, entonces sí, aceptó. Gracias al acuerdo, eludirá la entrada en prisión.

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