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sábado, 20 abril, 2024

Raphael a los 80: los secretos de un estilo de performance que es único, con la voz intacta y nuevos fans muy jóvenes

Verdadero sobreviviente de otra época en la que los grandes artistas no solo cantaban, sino realizaban performances actorales sobre los escenarios, el astro español Raphael, con 80 años de vida y un recorrido ejemplar desde su primera juventud, en la noche del jueves deslumbró a 14 mil personas en el estadio Movistar Arena, en Ciudad de Buenos Aires.

Hace casi dos años que el Niño de Linares se presentó en el Luna Park, aunque esta vez se trató de un desafío mayor, un estadio más enorme aún, con un público fanático, en su mayoría alrededor de los 60 años, aunque llamativamente también hubo gente más joven.

Es que Raphael atravesó a generaciones de distintas épocas; incluso, casi sin proponérselo, se transformó en uno de los pioneros de la cultura rock en español, aunque cantara canciones románticas.

Raphael, a dos años de su visita al Luna Park, ahora con disco nuevo. Foto gentileza FénixRaphael, a dos años de su visita al Luna Park, ahora con disco nuevo. Foto gentileza FénixPorque rock no es solo tocarlo, sino sentirlo en carne propia. Y allí Raphael es símbolo indiscutido, por ese motivo es adorado por muchos rockeros de habla hispana como anglosajones.

Más vigente que nunca

Innovador en las décadas del ’60, ’70 y ’80, su talento sigue vigente sobre tablas en cualquier parte del globo, encandilando a propios y extraños, con performances impactantes, entonando cada canción a flor de piel.

Precisamente fue eso lo que sucedió en el estadio que linda con la cancha de Atlanta: su manera de cantar, su forma de mirar y cada movimiento suyo generaron escalofríos en el público, pues lo suyo es tan amplio que tan solo existen él o Mick Jagger, artistas casi de otra galaxia, que cuentan con características tan especiales y similares, además de soportar más de dos horas sobre tablas sin cesar y sin bises para tomar un mínimo respiro.

La impactante vista de Raphael en Movistar Arena, con lleno total. Foto gentileza FénixLa impactante vista de Raphael en Movistar Arena, con lleno total. Foto gentileza FénixEl concierto del genial Niño comenzó a las 21.05 horas y se extendió hasta las 23.15 horas, con una solidez de sus músicos en escena: dos guitarras eléctricas, bajo, piano, teclado, batería y percusión.

Aunque lo que más sobresaltó fue la nitidez de su voz: canta de la misma manera que cuando era joven. Muy llamativo ese don para el que vino a esta vida a dar testimonio, y que posiblemente haya sido una de los factores que lo salvó de la muerte tras padecer un cáncer de páncreas, que por lo general no suelen tener final feliz.

La razón por la que el autor de tantos himnos sonoros regresó al país fue para presentar su gira Victoria Tour, con la que recorrió la Madre Patria de punta a punta y varios continentes. Aunque esta vez, a diferencia de otras tantas visitas por estos lares, se limitó a hablar demasiado. Muy pocas veces tomó la palabra y se trató de una canción tras otra, casi como si fueran enganchados.

Es por eso que lució magistral, no solo con su impronta tan particular, sino también con su elegancia tan característica: todo de riguroso negro, cual estrella de rock & roll, con una cadenita oscura que colgaba en su cuello y su peinado con raya al costado: un look que lo acompaña desde que se hizo famoso.

Los primeros temas de su set marcaron el pulso de la gloriosa velada. Mucha rítmica, baile y movimientos de cadera, brazos y hombros, sin nunca perder su eje. Todo eso generó un acompañamiento permanente de sus simpatizantes, que entre canción y canción nunca dejaron de levantarse de sus butacas, aplaudirlo y ovacionarlo.

El artista, con tanta experiencia encima, enamoró a su gente como desde siempre: primero, con sus brazos abiertos, dispuesto a recibir cariño; luego, con sus brazos entrecruzados sobre su pecho, como alimentándose de lo recibido.

Fue por eso que el feedback fue crucial y generó una adrenalina extra a medida que se desarrollaba el show.

Un repaso de grandes éxitos

Miguel Raphael Marcos Sánchez, tal es su verdadero nombre, desplegó todo su arsenal compositivo en sus primeras canciones: la mayoría de ellas, de índole testimonial. Porque ese siempre fue su fuerte, conectar con el otro narrando experiencias propias como si fueran crónicas poéticas a su cancionero.

Miguel Raphael Marcos Sánchez, más conocido como Raphael, a secas. Foto gentileza FénixMiguel Raphael Marcos Sánchez, más conocido como Raphael, a secas. Foto gentileza FénixComo cuando planteó “Yo soy de tanta gente” o bien “Yo sigo siendo aquel, ¿no ven? ¡Sigo siendo el mismo Raphael!”, frases impactantes de algunos de sus temas, por citar un par de ejemplos.

Un escenario bien iluminado fue más que suficiente para no perder detalle alguno del vocalista sobre el escenario, o bien sus recreaciones actorales en cada entonación, de cada sentimiento suyo llevado al extremo a través de estrofas fundamentales de su autoría.

Hubo dos momentos de recordatorios, que tuvieron que ver con su cúspide dentro de su larguísima trayectoria, tanto cuando fue el turno de Digan lo que digan como Yo soy aquel. En las enormes pantallas aparecieron imágenes exclusivas de diferentes épocas: cuando era aún un púber y ya estaba plantado con firmeza frente a miles, fotos de él sonriente ante una multitud en enormes estadios abiertos, o bien saludando a masas humanas desde un descapotable, por las calles de alguna ciudad de su amada España.

Además de repasar sus grandes éxitos como Mi gran noche, Estuve enamorado, Somos (genial balada) y Como yo te amo (hacia el final del concierto), hubo homenajes musicales. Sucedió a través de canciones como Adoro, cuya introducción fue una versión de la primera parte de Day Tripper, de los Beatles. O un espacio dedicado al folklore, el tango y la cueca chilena.

Sin duda alguna fue un momento bisagra todo ese tramo del espectáculo. Eligió Que nadie sepa mi sufrir, clásico argentino de Ángel Cabral y Enrique Dizeo, a modo de vals peruano, Gracias a la vida, de la recordada chilena Violeta Parra, a ritmo de cueca. Y tangos como Nostalgia y Malena, por los aprovechó para hablar al público.

“Esas cosas de estas letras pasa en la vida, se viven tantas veces. Yo no sé si ustedes sabían que yo he grabado un disco de tango”, expresó con curiosidad.

Y luego agregó: “¡Cómo es posible que no sabía que podía cantar tango! Juan Esteban Cuacci, mi amigo, fue quien me metió en la cabeza que tenía que cantar tango y aquí estoy”, remató.

Habrá más discos

También hubo algunas pocas palabras antes de Lo saben mis zapatos, de su último trabajo discográfico, Victoria, por el cual también aprovechó para aclarar algo importante.

Raphael esta vez no habló mucho y prefirió enganchar un hit tras otro. Foto gentileza FénixRaphael esta vez no habló mucho y prefirió enganchar un hit tras otro. Foto gentileza Fénix“Es mi disco nuevo, el último grabado, pero no es el último. Que nadie se confunda y mal interprete. Puedo asegurarles que jamás dejaría de grabar canciones. Otra cosa es que me retire el tiempo, pero yo, por mi voluntad, no estoy dispuesto”.

Por otra parte, su porte galante no pasó inadvertido casi a lo largo de todo el concierto: los piropos encubiertos a su público femenino mutaban a través de la actuación, frases de amor extremo o bien de aquel viejo amor con el que se reencuentra en canciones como Qué tal te va sin mí, además de gestos expresivos a través del cuerpo, incluyeron miradas profundas a los ojos de sus fanáticas empedernidas, quienes no dudaban en lanzar frases como “¡Te amo, Raphael!”.

Cuando fue el momento de la despedida, y luego de grandes clásicos como Ámame, Yo soy aquel y Escándalo, la aclamación fue tan constante que al artista no le quedó otra opción que volver para despedirse, pero con una excelente versión de A mi manera, interpretada a capella.

Todos los presentes, felices y emocionados. De nuevo llegó otro abrazo simbólico de parte de Raphael para toda su gente, además de un sentido “gracias, gracias, gracias, gracias…” que quizás aún sigue retumbando por las calles del barrio porteño de Villa Crespo.

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