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sábado, 20 abril, 2024

El concierto de Yuja Wang, la bellísima y espléndida pianista china que va de la extrema dulzura a la máxima ferocidad

La virtuosa y carismática pianista Yuja Wang hechizó al auditorio en su segunda presentación en la sala del Teatro Colón (la primera fue en 2018 para el Mozarteum) en medio de un diluvio que no detuvo la alta convocatoria de público.

La intensa lluvia en la ciudad obligó a retrasar quince minutos el inicio del concierto. Y las circunstancias, tal vez, también influyeron en el ánimo de Wang que decidió cambiar la primera parte del programa en el último minuto y no pudo ser anunciado al público: comenzó con Bach y Shostakóvich, en lugar de la Sonata para piano nº20 de Schubert.

Pero no sorprende del todo, en el programa de mano se advierte la posibilidad de cambios, y en la biografía de la pianista se citan sus elocuentes palabras: “Creo firmemente que cada programa debe tener su propia vida y ser una representación de cómo me siento en este momento”.

Con esa misma espontaneidad y libertad se escuchó su interpretación de la Obertura al estilo francés en Si menor (BWV 831) de Bach y una selección de los Preludios y Fugas Op. 87 y Op.34 de Shostakóvich.

Yuja Wang está en un momento más que interesante de su carrera, con un repertorio en constante expansión, más madura y sin urgencias internas, su audacia, sentido lúdico y libertad encontraron un cauce de equilibrio profundo.

Yuja Wang fue de mayor a menor en su concierto. Y terminó haciendo cinco bises. Foto: Arnaldo Colombaroli/ Prensa Teatro ColónYuja Wang fue de mayor a menor en su concierto. Y terminó haciendo cinco bises. Foto: Arnaldo Colombaroli/ Prensa Teatro ColónEl concierto fue de menor a mayor en intensidad emocional. En el ascetismo de Bach se combinó un control estricto con una estimulante sensación de libertad, manifiesta en el ritmo firme pero flexible. El toque de Wang se escuchó nítido y fresco, sin manierismos.

Las piezas de Shostakóvich inspiradas en Bach sonaron electrizantes, desde el torrente de notas rápidas chisporroteando enérgicas en el Preludio y Fuga nº2, el punzante ritmo del Preludio y Fuga nº15, ambos del Op. 87, y la palpitante velocidad del Preludio nº5, Op. 34.

Brillos sobre el escenario

Con cambio de vestuario mediante, Wang dejó el sobrio vestido largo y verde de la primera parte por otro de brillos plateados, más ajustado, que dejaba una pierna al descubierto y una espalda con escote tan profundo como sugerente. Estaba tan espléndida que arrancó un aplauso espontáneo. El vestuario marcó el cambio de escena para la narrativa dramática de las cuatro baladas de Chopin.

La fusión de narrativa y lirismo de las baladas es quizás el mayor logro de Chopin, como señaló Charles Rosen, y Wang movilizó la narrativa de cada una de las baladas con su arte de la reinterpretación. Sus recursos para la metamorfosis de las melodías parecen ilimitados, como se escuchó en particular en la compleja arquitectura de la Balada nº3.

Yuja no eligió un orden lineal y comenzó con la segunda balada. Su entrega es tan visceral que, dadas las exigencias emocionales y técnicas de la primera, es probable que necesitara una entrada en calor. De hecho, después de terminar la Balada nº1, con las excepcionales demandas de la coda furiosa, puso sus manos en el pecho y resopló consciente de su hazaña.

Yuja Wang puede ser extramemadamente dulce o muy feroz, según sea la obra que ejecute. Foto: Enrique García Medina/Clarín Yuja Wang puede ser extramemadamente dulce o muy feroz, según sea la obra que ejecute. Foto: Enrique García Medina/Clarín En la pianista pueden convivir una extremada dulzura y la máxima ferocidad, como una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, es capaz de construir clímax inquietantes y feroces, como en la Balada nº2 y su coda aterradora, y también lograr una destilación poética como en la primera o cuarta balada, con la variedad de sonidos que le permite su mecanismo inmaculado.

Animada por estruendosos aplausos, Yuja volvió una y otra vez al piano, interpretó cinco bises para fuegos de artificio: Ginastera, Ruvido e ostinato de la Sonata Op. 22, el Danzón nº2 de Arturo Márquez, Chaikovski (arreglo del Scherzo de la Sinfonía nº6), Estudio nº6 de Philip Glass y la transcripción de Cziffra del Danubio azul (Strauss).

Ficha

Conciertos extraordinarios

Calificación: Excelente

Intérprete: Yuja Wang, piano. Teatro Colón, 11 marzo

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