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miércoles, 17 abril, 2024

Aquellas trasnoches con Carla Conte: a 20 años de Call TV

Ya hace dos décadas. El tiempo es tirano en televisión. Veinte años atrás se ponían de moda los programas onda Call TV. Tardamos en darnos cuenta de que en realidad fueron una estrategia de marketing para lanzar una carrera y que tuviéramos el inmenso placer de conocer a Carla Conte.

Programa de trasnoche y usos y costumbres un tanto ambiguas. Estaban los que ingenuamente creían que se trataba de un concurso libre de trampas y quienes veíamos Call TV sin entender nunca las reglas y sólo porque allí estaba esa morocha que, en un primer contacto visual, podía ser una suerte de Pampita en clave serie de Guillote.

Veinte años atrás estaban muy de moda estos segmentos donde la gente participaba de juegos interactivos a través de los celulares. El de Carla Conte y su sidecar, Emiliano Rella, resultó todo un éxito al margen de la plata en juego.

La trampa consistía en dejarte esperando mientras pagabas el minuto telefónico más caro del mundo. Ella, por esos días de gracia, nos lo susurró al oído. «No te puedo decir cual es el truco». No más preguntas.

Los Call TV se reproducían con estéticas que hacían imposible reconocerlos. El único sello de distinción era Carla Conte. Era la televisión que todavía generaba interés. El streaming no existía ni en una alucinación, existían las revistas de cable, mirabas el pornosoft de I.Sat, estabas al tanto de la programación del canal Space.

Era normal dejarse caer como un meteorito para hacer fitness con el control remoto. En esas rutinas acariciábamos lo áspero viendo Call TV. El envío diario se metía en las profundidades de la Conte. Y de la noche.

Con ojos de hoy

carla Conte y Emiliano Rella eran los conductores de carla Conte y Emiliano Rella eran los conductores de «Call TV». Viéndolo con nuevos ojos, el programa tenía una estética fundacional digna de los canales de streaming con efectos baratos y psicodélicos estilo Olga o Gelatina. Ves ahora unos videitos en Youtube y te parece que ya está todo inventado.

Sigue sucediendo. Los canales de aire en algún momento del día es como si soltaran su programación y dejaran las cosas libradas a la buena de Dios. Y así los pastores, y ahora los joyeros y hace años, y por un lapso tan breve como rotundo, los Call TV.

El espectro del entretenimiento, María Becerra, era mucho más acotado en ese entonces. Internet no invadía la vida cotidiana. Wifi podía ser un personaje de Disney y Facebook resultaba una palabra incomprensible. En otras palabras, teníamos tiempo para defender con uñas y dientes un tema llamado Carla Conte.

Ella salió de un programa marginal de juegos. Es como si ahora todos estuviéramos hablando de Claudia, la sinuosa tasadora de La joya de tu hermana, uno de los envíos que inundan las medianoches con sus intrigantes contenidos metaleros.

Carla Conte, en Carla Conte, en «Showmatch 2016». Los grandes medios repararon en Carla Conte. Los posters de gomería también. En su consuetudinario certamen de baile, Marcelo Tinelli no pudo contenerse y cometió una cosificación memorable con el cuerpo de Carla Conte. La exuberancia le abrió más que la puertas de la percepción.

El tiempo pasó y nunca se olvidó de Carla. De a poco, delante de todos y usando los mismos medios de siempre, el envase (intacto) se fue llenando de contenido. Una vez, mucho antes del fervor feminista, la mujer nos lo dijo en confianza: «Basta», «no más», «me cansé». Era un diálogo entre dos personas que se conocían por razones estrictamente profesionales.

La empezamos a ver en áreas relacionadas a la conducción donde hasta le permitían aparecer en polera y dejarse las canas. Su pelo blanco se tradujo el títulos de portales de farándula. El tiempo pasa y nos vamos volviendo eternos.

Carla Conte y Coco Sily, en Carla Conte y Coco Sily, en «70», un ciclo de la TV Pública donde lucía sus canas.

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