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sábado, 20 abril, 2024

¿Lo peor de la economía ya llegó o está por venir?

La economía son números pero a los datos hay que salpimentarlos con una narrativa, porque si no la realidad vuelve como un jab de derecha directo al maxilar. La venta en los súper en enero cayó 13,8%. En los shoppings 21,3%. En febrero las importaciones fueron 18,6% menor al mismo período del año pasado. Teniendo en cuenta diciembre-marzo, y suponiendo que la inflación este mes sea de alrededor de 12% como estima Jorge Vasconcelos, economista del Ieral-Fundación Mediterránea, los precios habrán acumulado 92% de suba en cuatro meses.

¿Todo esto para qué? ¿o hasta cuándo? Los números de hoy por sí solo agobian.

Milei dio una pista hace un mes cuando dijo que lo peor sería en marzo y abril. A juzgar por los datos, uno podría decir que ese momento llegó. Pero hay preocupaciones que hacen preguntar a uno si no falta para tocar fondo.

Está claro que el rumbo que tomó el Gobierno era el que habrían adoptado también los candidatos de Juntos por el Cambio y de UxP, más allá de los matices y las formas. Economistas que votaron a Sergio Massa admiten hoy en público y en privado que las medidas de Milei como sostener el equilibrio fiscal, eliminar el financiamiento monetario del Tesoro, corregir el tipo de cambio oficial y las tarifas de servicios públicos, reencauzar el programa con el FMI y no eliminar el cepo de una como hizo Mauricio Macri en 2015, fueron decisiones de un diagnóstico correcto.

John Keynes decía que en economía hay algo que no se puede evitar: las consecuencias. Quizás el Gobierno empiece a darse cuenta y ver que el impacto de sincerar los precios que había regulado el kirchnerismo, básicamente dólar y tarifas, pueden minar la imagen del Presidente si lo único que hace es licuar ingresos. Según el Indice de Confianza del Gobierno, de la Universidad Di Tella, Milei tiene en los primeros dos meses un nivel superior al de Alberto y Cristina Kirchner. ¿Hasta cuándo?

El Presidente no solo demoró las subas en el gas sino que ahora se resignó a cambiar la fórmula de la jubilaciones por decreto cuando había dicho un par de días atrás que esa herramienta no sería una opción y que prefería el trámite en el Congreso. Pero como la recesión y la inflación son tan severas, la pérdida que iban a tener los jubilados agravaría aún más la licuación que ya sufrieron sus ingresos en estos meses y que llevó a que el gasto previsional hoy se encuentre en el nivel más bajo en 15 años: el 40% del ajuste fiscal hasta hoy lo hicieron los jubilados soportando la pérdida de su poder adquisitivo.

La fórmula previsional hoy actualiza los haberes por inflación con un atraso de tres meses y por la recaudación de la ANSeS, que se resentirá en un contexto de caída de la actividad. El Gobierno busca así que pierdan menos.

¿Para ellos lo peor ya pasó entonces? “Es un alivio para los jubilados”, dice la consultora Empiria en un informe.

El Gobierno deberá ahora recomponer lo que pierde por relegar el uso de la licuadora para ajustar jubilaciones (0,5% del PBI) y ver si recurre más al uso de la motosierra en otras áreas: menos subsidios o modificar el impuesto a las Ganancias y grava más a los sectores con mayores ingresos. En ese caso, tanto las tarifas como el impuesto, serían dos golpes contra segmentos de la población que votaron a Milei. En ese caso se darán cuenta que solo entonces habrá llegado lo peor. Como un jab al maxilar.

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