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San Fernando del Valle de Catamarca
jueves, 1 diciembre, 2022

El robot que hace furor en Catamarca

Confiesa Florencia Sosa Díaz que nunca se habría imaginado un retorno tan abrupto y doloroso a su Catamarca natal como el que vivió a los 25 años. Su padre, Emilio, un self made man, la envió a cursar el secundario y la universidad a Boston cuando tenía 13 años.

Y lo que comenzó como una manera de salir de la provincia significó un regreso pero esta vez por la temprana muerte de Emilio a los 58 años. Hija única se hizo cargo del conglomerado familiar con una empresa de salud y una red de farmacias que en ese momento ocupaba a 400 personas.

Mover el avispero

“No había tiempo para marearse, tenía que tomar las riendas”. Florencia arrancó su nueva etapa con los libros de Yale en la mano y dispuesta a cambiarlo todo en una cultura que le resultaba demasiado apacible. Le criticaron su falta de experiencia y hoy a los 30 años dice que su decisión más costosa fue dejar a primos y tíos fuera de la empresa. Estaba dispuesta a mover el avispero.

La innovación y la incorporación de tecnología fueron su norte junto con la contratación de consultoras que la guiaron. En los últimos cinco años y, pese a los ciclones económicos, el grupo creció incorporando inversiones inmobiliarias, estaciones de servicio y sumó a 1.100 personas. En el proceso designó mujeres en los puestos gerenciales. Cuando se le pregunta cuál fue su peor momento, no lo duda: la pandemia en una provincia con un largo encierro.

Salió apostando a la innovación y puso en marcha un robot diseñado especialmente para la farmacia. Lo armaron en conjunto con Alemania y es el primero en su tipo en la Argentina.

Así, frente a la plaza central de San Fernando del Valle de Catamarca, en el local insignia de la cadena de farmacias, el robot busca el pedido según el laboratorio e inmediatamente informa al stock ordenado por tipo de medicamento y fecha de vencimiento. Luego lo entrega a la persona que está en el mostrador.

Una memoria gigantesca

Lo cierto es que en la capital catamarqueña, que cuenta con una sola escalera mecánica, el robot es sensación. A tal punto, que las escuelas organizan tours para conocerlo. No tiene forma humana, se trata de un cuadrado de 5 por cuatro metros y guarda en su memoria 40 mil productos.

Florencia cuenta que en Catamarca los jóvenes se van. Los que pueden estudiar parten a Córdoba o Tucumán y otros a probar suerte donde sea en una provincia en la que el 70% del empleo es público.

Pero últimamente la minería y especialmente el litio le están cambiando la cara económica a la provincia, señala quien rápidamente se ha convertido en la presidenta de la cámara de Farmacias y directiva de la Federación Económica de Catamarca.

Las tejedoras de vicuña

En estos meses encontró otro desafío entre las tejedoras de lana de vicuña en Belén a 4.000 metros de altura. Hasta ahora los grupos del lujo como el francés LVMH compran el hilo crudo de la vicuña. Con un grupo de expertos organizaron la comunidad para exportar esos tejidos con una trazabilidad que permite saber la historia de quién está detrás de cada pieza. Como si fuera su propia historia.

Asi nació Andina para el seguimiento del proceso de elaboración de los ponchos de vicuña. La vicuña estuvo en peligro de extinción.Hoy es uno de los tejidos más caros del mundo. Los ponchos se venden a US$15000.

Pero en ese paraje, en el medio de la nada, por falta de conectividad, de financiamiento, una tejedora o un artesano rural no tiene herramientas para darle más valor a su trabajo. “Haremos el seguimiento que acompañe cada prenda y puedan percibir por su trabajo lo que realmente vale. Son 20 tejedoras mujeres. Todas tienen una historia de superación”, nos desliza Florencia desde Belén.

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