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viernes, 20 mayo, 2022

Un hogar rico recibió 64% más de pesos en subsidios que uno pobre para pagar la luz y el gas

En mayo de 2021, es decir un año atrás, el ministro de Economía Martín Guzmán señalaba por primera vez que había que terminar con los subsidios por su caracter “pro-rico”. Lo planteaba así: “En un país con 57% de pobreza infantil, estamos gastando en subsidiar el consumo de luz y de gas en una parte de nuestra población que hoy no es prioritario que reciba esos subsidios, barrios en donde vive gente de altos ingresos, cuando esos recursos tienen que ser utilizados para aquellos que más necesitan”.

El lunes pasado insistió, pero esta vez respondiéndole por elevación a la vicepresidente Cristina Kirchner.: “Uno se pregunta en qué país del mundo ha funcionado, para encauzar un sendero de desarrollo con inclusión social, tener subsidios energéticos por 3 o 4 puntos del Producto”.

No es que el ministro estuviera haciendo un descubrimiento. Desde el primer gobierno de Cristina Kirchner se viene hablando de esta distorsión con alto impacto fiscal. Por aquellos días se denunciaba que el gas natural subsidiado se utilizaba, por ejemplo, para calefaccionar las piletas de los barrios privados. Pero esta semana, en audiencia pública, el subsecretario de Planeamiento Energético, Andres López Osornio, le puso números oficiales a la discusión.

El funcionario exhibió un cuadro donde mostró claramente la inequidad que provocan los subsidios a las tarifas de energía eléctrica y gas por redes.

Los datos del Ministerio de Economía, referidos a lo que ocurrió en 2021 dicen esto: un hogar del decil 1 -el de menores ingresos- recibió en todo el año subsidios por $ 31.817 pesos para abonar el servicio de electricidad. En el otro extremo, un hogar del decil 10 -donde están los hogares más ricos- recibió del Estado $ 49.452. El sinsentido está a la vista: el hogar más rico recibió un 55% más de ayuda estatal que el hogar más pobre.

Para el caso del gas natural la inequidad es todavía mayor. Un hogar del decil de menores ingresos recibió el año pasado ayuda estatal por $ 12.649. Un hogar en la cima de la pirámide de ingresos recibió $ 23.312 pesos. En este caso, la diferencia a favor de los hogares más ricos fue del 84%.

Es decir que entre luz y gas, el hogar rico recibió 64% pesos que el hogar más pobre.

Otra manera de visualizar la inequidad es mirar qué porcentaje de los ingresos de un hogar se destina a pagar los servicios de electricidad y gas natural.

Según informó el Ministerio de Economía, tomando como base los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) dell INDEC, la situación en 2021 fue esta: el hogar del decil más pobre recibió subsidios a la electricidad por el equivalente al 15,4% de sus ingresos. Para el caso del gas, los subsidios resultaron equivalentes al 6,14% de los ingresos de dicho hogar. En el otro extremo, los subsidios para electricidad y gas resultaron equivalentes al 1,5% y 0,72% de los ingresos de un hogar de altos ingresos.

Se calcula que hoy solo el 25% de una factura de luz o gas lo pagan los consumidores. El resto de la plata la pone el Estado. La proporción que pagaban los usuarios era muy parecida a la actual al final del segundo mandato de Cristina Kirchner. Los aumentos que aplicó el gobierno de Mauricio Macri hasta fines de 2018 llevaron al 75% la proporción de la factura que pagan los usuarios, sobre todo de los hogares más acomodados.

El informe de López Osornio explica por qué una quita de subsidios a los hogares más ricos no impactará demasiado en su nivel de vida. “Otro aspecto que se deriva de este análisis es la baja incidencia que tienen los servicios de gas natural y electricidad dentro del gasto total de los hogares de altos ingresos. Por ejemplo, en el decil de más altos ingresos se destina un 0,9% de los ingresos al consumo de energía eléctrica y un 2,2% al consumo de gas natural. El hecho de que la incidencia del subsidio sobre los deciles superiores sea baja, sugiere la posibilidad de disminuir el monto sin afectar negativamente la capacidad de pago ni el bienestar de estos sectores”.

Estas explicaciones son tan ciertas como obvias. Por lo que es doblemente llamativa la resistencia que viene encontrando el equipo económico en avanzar con la quita de subsidios. De hecho lo que se venía anunciando como una quita pasó ahora a ser una reducción gradual.

​ Es decir, el Gobierno -tal vez presionado por la resistencia de los funcionarios que responden al Instituto Patria- optó por el gradualismo, pese a que el gasto en subsidios energéticos está presionando al máximo sobre las ya de por sí escuálidas reservas en dólares del Banco Central.

Para clarificar el problema, López Osornio subrayó: ” Los errores de inclusión en la política de subsidios energéticos deterioran la eficacia del gasto público y la calidad de sus impactos. Además, generan distorsiones y externalidades negativas en el sector energético como el exceso de consumo de un recurso que no es percibido como escaso”.

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