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viernes, 20 mayo, 2022

Murió Jean-Jacques Beineix, el director de “Betty Blue”

Jean-Jacques Beineix, el director de Diva y Betty Blue, que en los años ’80 emergió y se transformó tanto en enfant terrible como en artista de culto y popular de su generación, falleció a los 75 años.

No se sabe, al menos el hermano del cineasta, Jean-Claude, no especificó cuál fue la enfermedad con la que batalló este último tiempo, pero fue la que ocasionó su muerte.

Beineix formó parte, casi sin quererlo, de una camada de realizadores franceses que, por aquellos años de efervescencia, fines de los ’80 y comienzos de los ’90, en los que la cultura pop y el videoclip hacían sus primeros palotes juntos, se volvieron referentes.

Jean-Hughes Anglade y Béatrice Dalle en “Betty Blue”. La actriz quedó rencorosa por el director, por la escena de sexo. Foto Archivo Clarín

En concordancia con directores como Leos Carax (Mala sangre) y luego en los ’90 Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen), Beineix tenía un mundo propio, no solamente en su imaginería visual, sino que podía sorprender con giros inesperados en las tramas de sus películas, y en una misma escena.

Tea mo, te odio

Era un realizador que podía ganarse el entusiasmo del público y la crítica con su opera prima (el policial neo noir Diva, estrenado en 1981) y un par de años después ser abucheado tras la proyección de su siguiente largometraje en el Festival de Cannes, donde compitió por la Palma de Oro el mismo año que la ganó La balada de Narayama, de Shohei Imamura.

Fue con Obsesión fatal (La lune dans le caniveau), donde dirigió a un trío de estrellas integrado por Gérard Depardieu, Nastassja Kinski y Victoria Abril. Si el personaje del actor de Novecento deseaba vengarse de la violación y asesinato de su hermana, muchos críticos franceses, tal vez, lo hacían del éxito del joven Beineix.

El afiche de la película, candidata al Oscar al mejor filme hablado en idioma extranjero. Foto Archivo Clarín

El director, nacido el 8 de octubre de 1946, había arrancado en la industria del cine desde abajo, trabajando como asistente de dirección durante nueve años, que le sirvieron de entrenamiento. Trabajó en un par de películas dirigidas por Claude Zidi (La carrera de la cebolla, con Pierre Richard y Jean Birkin, y El animal, con Jean-Paul Belmondo y Raquel Welch), hasta que reunió coraje y se largó por las suyas.

Opera y asesinato

Y fue con Diva, cuya trama combinaba ópera, suspenso y asesinato. Su estilo, marcaban sus detractores, parecía imbuido del cine publicitario, malas palabras por aquel entonces cuando desde Inglaterra Alan Parker, Adrian Lyne y los hermanos Ridley y Tony Scott dirigían sus primeras películas.

En Diva, Jules (Frédéric Andréi) es un empleado del correo que piratea un recital de una cantante de ópera estadounidense (Wilhelmenia Wiggins Fernandez), famosa por negarse a que se grabara su voz. Pero esa grabación se mezcla con otra con testimonios que incriminan a un policía de elite, por lo que comienza una persecución sin tregua.

Wilhelmenia Wiggins Fernandez y Frédéric Andréi en “Diva”, su fantástica opera prima. Foto Archivo Clarín

Fernández, desconocida hasta ese momento, rechazó inicialmente el guion, porque “estaba leyendo sobre asesinatos, prostitución y drogas, y no quería tener nada que ver con eso”, dijo en 1983. “Jean-Jacques me obligó a leerlo con él. Luego me di cuenta de que en realidad era ligero, como un tratamiento de Disney de una película de Hitchcock”. Si Diva impulsó la carrera de Beineix, también lo hizo con la de Fernández.

Bien vista en el extranjero, los críticos franceses la trataron con hostilidad. “Pensé que había hecho dos películas por el precio de una”, bromeaba Beineix por 2009. “La primera y la última”. Comparado con Steven Spielberg y Brian De Palma, su película estuvo un año en cartel en Francia, y ganó cuatro premios César, incluida mejor opera prima.

Beinix junto a Béatrice Dalle en el rodaje de “Betty Blue”. La actriz novata le ganó el rol a Isabelle Adjani. Foto Archivo Clarín

Tras Obsesión fatal, llegó su obra maestra, Betty Blue, o 37°2 le matin, basada en esa novela de Philippe Djian. Jean-Hughes Anglade -que venía de protagonizar como el hombre que descubría su homosexualidad en El hombre herido, de Patrice Chéreau- era Zorg, el pintor de casas y aspirante a novelista que se enamora perdida y locamente de Betty (Béatrice Dalle). La que estaba lentamente profundizando su locura era Betty.

Béatrice Dalle nunca había actuado en una película, y le ganó en un casting el rol a Isabelle Adjani, que ya era una estrella.

Betty Blue fue candidata como mejor película extranjera al Oscar, al Globo de Oro y al BAFTA. Foto Archivo Clarín

Esta historia de amour fou arranca con una escena de sexo rodada en una sola toma. En verdad, como recordó luego Beineix, debía aparecer a los 10 minutos de comenzada la película, pero Beineix cambió de opinión en la sala de edición. “Me di cuenta que era la base de todo”, aunque Dalle se quejó de que el director no clausuró el set en la escena de desnudos, y manifestó que mantenía su rencor con el realizador.

Betty Blue fue candidata como mejor película extranjera al Oscar, al Globo de Oro y al BAFTA (el premio de la Academia de cine británica) y le abrió las puertas de Hollywood. El mismo Hollywood se las cerró: su guion sobre una comedia de vampiros para Paramount nunca se filmó, tampoco prosperó un contrato con Edward R. Pressman (productor de muchos filmes de Oliver Stone) y se quedó en Francia.

La última película de Yves Montand, IP5: L’île aux pachydermes, la dirigió él, y su despedida de la realización de largometrajes fue con Mortel transfert, de nuevo con Anglade, nunca estrenada comercialmente en la Argentina.

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