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domingo, 14 agosto, 2022

Por qué Argentina tiene una de las tasas de positividad de Covid más altas del mundo y cuál es el riesgo

Por primera vez desde que empezó la pandemia, algunos países desarrollados están adoptando una estrategia frente al Covid de la que Argentina se puede considerar precursora: testear poco. No buscar asintomáticos ni hisopar a los contactos estrechos. Que se banquen la duda. En otras palabras, dejar explotar la positividad. ¿Es una variable que no sirve más?

Por positividad se entiende el porcentaje de hisopados positivos sobre el número total de tests hechos. Se puede medir en el día o ver los promedios por semana, por mes…

Lo razonable es hacer muchísimas pruebas diagnósticas; tantas, que los positivos encontrados sean pocos porcentualmente, idealmente por debajo del 10%. De ese modo se tiene la tranquilidad de que la búsqueda de infectados fue exhaustiva.

Si los positivos copan todo o casi todo el espectro de hisopados, la investigación de casos evidenciará pobreza, en especial con un virus como el Covid, que tiene un alto número de asintomáticos. Así, un porcentaje alto de positividad dejará al desnudo que el sistema no está “viendo” muchísimos casos por falta de búsqueda.

Hisopado para detección de Covid en la terminal de ómnibus de Mendoza. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Esos casos no quedarán aislados y contagiarán a otros. Y la expansión, se sabe, sigue la lógica del efecto dominó.

Argentina, récord

Tres datos contundentes salen de esta tercera ola.

El primero es que según los datos que procesa Our World in Data (OWID), Argentina tiene en este momento la positividad más alta de la región latinoamericana, sin contar a Brasil, cuyas estadísticas -posiblemente atrasadas o poco creíbles- no están siendo consideradas por los expertos ingleses.

Sin dudas es algo parecido a lo que pasó cuando Clarín informó que los resultados negativos del plan Detectar no eran tenidos en cuenta (por falta de personal para cargar los resultados) en el cálculo de la positividad nacional. Más allá de que hay quienes afirman que esto está pasando otra vez ahora, la noticia derivó en un mini escándalo tuitero cuando los expertos de OWID anunciaron que dejarían de subir a sus estadísticas los datos de Argentina. El tema se resolvió cuando el entonces ministro de Salud Ginés González García corrigió la cuestión.

El segundo dato es que Argentina está registrando uno de los porcentajes de positividad más altos del mundo. Al menos, supera a los 130 países considerados por OWID.

Nos corren de atrás México, Bolivia e Irlanda. Pero ninguno supera (ni superó a lo largo de esta tercera ola) el 52,6% de positividad -promedio de la última semana- ni el más de 60% que se viene registrando por jornada en Argentina.

Antes de justificar que la falta de testeos se debe a la suba de casos que está generando la ingobernable variante Ómicron, conviene remarcar que, puestas sobre la mesa las curvas de contagios de países como España, Francia, Inglaterra, Sudáfrica, Estados Unidos, Colombia, Chile y Uruguay (por plantear una lista random), la positividad de Argentina es ampliamente superadora.

Y sin embargo, esos países también atraviesan o están saliendo en estas horas de olas de gran magnitud. De hecho, el Reino Unido y Estados Unidos superarían (en casos por millón de habitantes) la tercera ola local, algo que, para ser honestos, no puede afirmarse del todo por el margen de incertidumbre que genera, justamente, la alta positividad.

El tercer dato es que, si bien el bajo número de testeos fue un problema siempre (subsanado un poco en la segunda ola, en comparación a la primera), el 52,6% de promedio semanal actual supera cualquier positividad registrada en el país durante la pandemia.

Pasando en limpio, el bajo número de testeos (o la insuficiente consignación de los datos en el sistema nacional) nos posiciona peor que nunca a nivel nacional, regional e internacional. 

Vecinos

Si bien para Enrique Bassat, epidemiólogo e investigador del Instituto de Salud Global (IGLobal), “la tasa de positividad es una variable que estaría perdiendo valor por la excesiva cantidad de contagios por Ómicron”, sin dudas es “un dato adicional que da pistas sobre lo que está pasando”.

El Ministerio de Salud (le consta a esta cronista) minimizó en varias oportunidades la importancia de esta variable. Pero para Bassat, “a veces es la que hace falta para entender distintas situaciones”.

Colas para hisoparse en Madrid, España. Foto Reuters

“Por ejemplo, en España, el grupo que protagonizaba ‘incidencia’ de casos de Covid eran los menores de 12 años. Pero si rascabas un poco en los datos y mirabas la positividad, ese grupo tenía el valor más bajo. ¿Qué quiere decir eso? Que muchos de los que testeabas no estaban infectados. El grupo estaba más controlado”, apuntó.

En definitiva, “la tasa de positividad te dice qué tal estás haciendo tu trabajo. Por debajo del 5%, estás haciendo tu trabajo de rastreo de forma adecuada. Si está en 75%, tenés positivos casi todos los hisopados. No estás haciendo bien tu labor de rastreo”.

Cultura del dato

En la comparación con los países vecinos, Argentina (inexplicablemente) suele perder en materia reportes.

Mauro Infantino, ingeniero en sistemas reconvertido en infatigable seguidor de las curvas de la pandemia a través de su sitio CovidStats, apuntó que “los sistemas de vigilancia, salvo los más maduros como el del Reino Unido, no están preparados para ver ‘en vivo’. El problema es que en Argentina, en 2022, no estamos pudiendo ver, por ejemplo, la mortalidad de 2020. Países como Perú, Colombia y México tienen esos datos al día. Acá los datos no están”.

“Tampoco se pueden cruzar los fallecidos o contagiados por Covid con los vacunados. Entonces, en vivo hacemos muchas suposiciones: decimos que la tercera ola crece pero no muere tanta gente porque nos vacunamos, porque tuvimos una gran segunda ola y porque Ómicron es más leve, pero, si me preguntás a mi, entender cuál de esos factores es el que más contribuye, no lo sé. Y sin datos, no lo voy a saber”, remarcó.

Hisopado para detección de coronavirus a una mujer, en Mar del Plata. Foto Ricardo González

¿A qué se debe todo esto? En parte parece ser un tema “de federalismo, ya que cada provincia hace su informe; y, en parte, un problema informático: la información no se centraliza eficientemente”.

Como sea, representa “un problema desde el punto de vista analítico para saber si se hicieron bien las cosas y aprender lecciones a futuro, que sirvan para la próxima pandemia. El conocimiento no ocupa lugar”.

MG

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