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San Fernando del Valle de Catamarca
domingo, 14 agosto, 2022

Las tarifas congeladas, el dólar atrasado y los acuerdos de precios no sirvieron para frenar a la inflación

El objetivo de llevar la inflación de 2021 al 29%, tal como figuraban en el presupuesto oficial, quedó abollado en un papel en el tacho de basura. La inflación de 2021 cerró en 50,9%, el nivel más alto desde 2019, cuando había sido del 53,6%.

Las anclas inflacionarias que había pensado el Gobierno no fueron los suficientemente convincentes para romper con la inercia que traían los precios. Lo que debía funcionar como muro de contención, amenaza con transformarse en este 2022 en una alud que desborde los límites y lleve a la inflación a niveles en torno al 60%, los mas altos en 31 años.

Para el 2021 el ministro Martín Guzmán había diseñado un índice de actualización tarifaria que debió dejar ese plan de lado cuando se impuso la visión del ala kirchnerista del Gobierno, que solo permitió una suba del 9% en el año. Así, las tarifas de luz y gas quedaron congeladas, junto con el combustible que no sube desde mayo del año pasado. El desgaste que arrastran impacta cada vez más en el servicio y este enero se materializa con cortes masivos de electricidad en pleno agobio de calor.

En medio de la negociación con el Fondo Monetario y pese a que para el organismo multilateral el atraso cambiario no es una opción viable, el Gobierno pisó el tipo de cambio y solo permitió que aumentara 22% en todo el año pasado. Con el cepo reforzado, la respuesta del mercado fue la brecha cambiaria, que ya supera el 100% con el dólar oficial mayorista en $ 103 y el blue en $ 209.

La persistencia de la brecha alimenta las expectativas de devaluación y le suma presión a la dolarización. Y pese a que los importadores acceden al dólar de $ 103, en muchos casos los precios se remarcan con el ojo puesto en el blue o en el contado con liqui -hoy en $ 208-, ya que el acceso al oficial está restringido por las trabas a las importaciones.

La tercera ancla a la que apeló el Gobierno fueron los sucesivos acuerdos de precios. En la primera parte del año estuvo vigente el esquema de Precios Máximos, que se había establecido la cuarentena de 2020 y en un año había tenido pocas actualizaciones. Por la presión del sector privado, este esquema compulsivo se dio de baja a cambio de la ampliación de Precios Cuidados. En octubre, tras la derrota electoral de las PASO, desembarcó Roberto Feletti en el equipo económico y le dio una vuelta más al acuerdo, con un esquema que engloba a 1300 productos congelados y que persistirá en 2022.

Expectativas negativas

Esto que debía servir para ponerle coto a la inflación tuvo un resultado efímero: solo en noviembre el indice cortó la racha en torno al 3% que traía y se ubicó en 2,5%. Es que el congelamiento terminó alentando expectativas negativas acerca de lo que ocurrirá cuando los precios se liberen.

En 2021 el Gobierno no apeló desde lo discursivo a los salarios como ancla inflacionaria. Al contrario, distintos funcionarios destacaron que los ingresos de los trabajadores le ganarían a la inflación. No fue así para el promedio de los asalariados. Según la consultora LCG, el año pasado la pérdida del salario real rondó el 2%. Y como las previsiones para este año también son negativas, los ingresos de los trabajadores acumularían cinco años consecutivos de pérdidas.

La suba nominal de los salarios refleja el salto de la emisión monetaria para financiar al Tesoro y mantener la rueda de la actividad en movimiento. El año pasado el Central emitió un monto equivalente al 4% del PBI y le transfirió al Tesoro 1,8 billones de pesos. Aunque la interpretación oficial es que la inflación es “multicausal” , el grueso de los economistas coincide en que el exceso de pesos circulando presiona sobre los precios.

Cada una de las anclas a las que apeló el Gobierno en 2021 se transformaron en boomerang, porque la contención forzada de tarifas, dólar y precios no hizo más que engordar las expectativas y darle una inercia más marcada al IPC.

Encima de estas expectativas negativas se coló el empantanamiento de las negociaciones con el Fondo Monetario, el derrumbe de los bonos y la escalada del riesgo país y un entorno externo desfavorable con la inflación creciendo en el mundo y el financiamiento encareciéndose, que no hacen más que confirmar que pese al diagnóstico de Joseph Stiglitz, el milagro argentino está lejos de la economía real.

AQ

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