20.4 C
San Fernando del Valle de Catamarca
jueves, 11 agosto, 2022

El escándalo de Novak Djokovic dañará a la política deportiva australiana: ¿puede perder la sede de su Grand Slam?

Sólo tres países tienen en el historial de los Juegos Olímpicos de verano el orgullo de contar con más de una ciudad sede de la máxima competencia deportiva universal. Uno es Estados Unidos, la gran potencia de todos los tiempos, y los otros dos son Alemania -otra nación con una fuerte impronta en el deporte- y Australia. El caso australiano es llamativo. Desde la primera edición de los Juegos en 1896 hasta que los recibió en Melbourne 1956 cosechó 19 medallas de oro, apenas el 11 por ciento de su total. Las otras 145 las ganó en los últimos 66 años y 80 de ellas, en los últimos 22, desde Sidney 2000.

Los números marcan, a las claras, el desarrollo de una extraordinaria política con la que los australianos se transformaron en grandes protagonistas en deportes tan diferentes como la natación, el atletismo, el ciclismo, el yachting y el remo. Ni hablar de lo que les ocurre con el tenis: si bien éste es un deporte de una escasa tradición olímpica, los jugadores australianos brillaron en las Copas Davis y Billie Jean King y en los Grand Slams, con números 1 incluidos.

Toda esa notable marca que, se insiste, excede al tenis, podría quedar seriamente dañada por el escándalo -y el cambalache- que rodea a Novak Djokovic y su participación en el primer Grand Slam de la temporada. El estadounidense Tennys Sandgren, poniéndole voz a lo que piensan muchos de sus colegas en voz baja, disparó: “Australia no merece organizar un Grand Slam”. Pero, ¿es tan así?

Es verdad que la situación superó a la organización del torneo y a las propias autoridades del país. El peso del nombre del mejor tenista del mundo y uno de los deportistas más reconocidos del planeta, influyó muchísimo e, incluso una vez que se realizó el sorteo de los cuadros, nadie quiso decidir. Ya se sabe lo que significa Djokovic para los grandes auspiciantes del tenis más allá de su condición de confeso antivacunas…

De todos modos, juegue o no juegue el torneo, la credibilidad australiana habrá quedado dañada. O, al menos, la de sus funcionarios. Más del 80 por ciento de los habitantes del país está en desacuerdo con que el serbio siquiera permanezca en su territorio. Ninguno de ellos pasa por alto que en el pico de la cuarentena los que estaban en el exterior no pudieron regresar hasta que el gobierno se los permitió. Que lo diga sino Ashleigh Barty, la mejor tenista del mundo. En 2021 estuvo afuera de su casa desde marzo a octubre y cuando regresó tuvo que hacer, como cualquier compatriota, una estricta cuarentena en un hotel hasta reencontrarse con su familia en Ipswich, en el estado de Queensland.

El nombre de Djokovic quedará dañado tras todo lo que pasó en los últimos tiempos. Pero el de Australia también. Pese a que sea un espejo en el que hay que mirarse.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Mas noticias
NOTICIAS RELACIONADAS