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jueves, 11 agosto, 2022

Brasil: un mercado millonario que no para de cambiar figuritas y atraer a extranjeros

El mismo día que el español Domenec Torrent se convirtió en el reemplazante del portugués Jorge Jesus, que dejaba Flamengo tras conseguir cuatro títulos y haber logrado ganar la Libertadores luego de 38 años, Dunga brindó una entrevista al sitio UOL Esporte y criticó una moda que se imponía en el fútbol brasileño.

“Creo que los mejores vienen a sumar, pero hay muchos que no deberían estar aquí -se quejaba-. Yo creo en el porcentaje. Vinieron 10 entrenadores extranjeros, ¿cuántos tuvieron éxito? Y si alguno tuvo éxito, ya lo conocíamos. Funcionó porque es bueno, tomás su currículum y ves que siempre fue bueno. Ahora otros…”.

Doscientos veintinueve días pasó Hernán Crespo como entrenador de San Pablo. A todo ritmo, los 57 partidos que alcanzaron para ganar el campeonato paulista que no conseguía desde 2005, disputar la Copa Libertadores y terminar deshilachado con una cadena de derrotas.

Hernán Crespo el día de la conquista del torneo paulista con San Pablo. Foto: AFP

A esa velocidad se mueve la pelota en Brasil. A nadie le sorprende que 15 de los 20 entrenadores del Brasileirao lleven menos de seis meses en sus cargos. El recambio es constante, incluso más acelerado que en Argentina.

Mauricio Barbieri está en el extremo opuesto. Lleva un año y cuatro meses, más de 100 partidos, al frente de Bragantino, un club refundado a través de capitales externos de la empresa de bebidas energizantes Red Bull que en 2020 acarició una gloria impensada al llegar a la final de la Copa Sudamericana en su primera experiencia internacional y perder ante Athletico Paranaense.

El otro técnico que superó el año en su cargo es Abel Ferreira. No sin antes someterse al escarnio mediático y a varios tramos de turbulencia que casi le cuestan el puesto. Mientras, tanto seguía liderando al Palmeiras que consiguió algo que no ocurría hacía dos décadas: gritar bicampeón de América.

El portugués Abel Ferreira logró el bicampeonato de América con Palmeiras. REUTERS/Sebastiao Moreira

Ferreira es portugués, igual que Jorge Jesus quien revolucionó y le devolvió la mística al Flamengo, el club más popular de Brasil. Al Mengao ahora lo dirige nuevamente un portugués, Paulo Sousa, que asumió el primer día de 2022 luego de que el club encadenara tres experiencias en un año con créditos locales que no lograron tomar impulso: Rogerio Ceni, Renato Portaluppi y Mauricio Souza.

El poderío del fútbol brasileño a nivel continental es elocuente y parece seguir en aumento. En la última edición, por primera vez desde 2010, Argentina no pudo meter a ningún representante entre los cuatro mejores de la Libertadores.

Las semifinales fueron Palmeiras, que sería bicampeón, ante Atlético Mineiro (había eliminado a Boca y River) y Flamengo, campeón en 2019, ante Barcelona de Guayaquil, el único semifinalista no argentino ni brasileño desde 2017. Hasta allí llegó el equipo ecuatoriano.

Las definiciones continentales se tiñeron completamente de verde y amarillo tanto en la Libertadores como en la Sudamericana que coronó a Paranaense frente a Bragantino.

Paranaense se quedó con la Sudamericana. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Si los equipos brasileños dominan los torneos sudamericanos, en el rubro de entrenadores son los argentinos los que se imponen.

Alcanza con mirar a las selecciones para encontrar a cinco representantes: Lionel Scaloni (Argentina), Ricardo Gareca (Perú), Gustavo Alfaro (Ecuador), Guillermo Barros Schelotto (Paraguay) y José Pékerman (Venezuela). Es más, Uruguay pretendía contratar a Marcelo Gallardo y podrían haber sido 6 de los 10 equipos.

Los otros extranjeros de las Eliminatorias son el uruguayo Martín Lasarte, en Chile y el venezolano César Farías al frente de Bolivia. Mientras que solo tres -sin contar a Scaloni en Argentina- coinciden con su lugar de nacimiento: Diego Alonso, que asumió en la Celeste tras el extenso ciclo del Maestro Tabárez, el colombiano Reinaldo Rueda y Tite en Brasil.

En esta línea y mirando también lo que ocurre en el Viejo Continente en donde no aparecen pruritos para contratar técnicos foráneos, vale invertir la ecuación: ¿Por qué es tan poco común que eso ocurra en el fútbol argentino?

Gustavo Munúa, el único DT extranjero en Argentina. (Photo by AGUSTIN MARCARIAN / POOL / AFP)

El último torneo de la Liga Profesional terminó con solo dos de los 26 equipos dirigidos por entrenadores que no son argentinos. Y ahora uno de ellos ya no está: el uruguayo Alexander Medina dejó Talleres -lo reemplazará Guillermo Hoyos- para justamente ir al fútbol brasileño, al Inter de Porto Alegre. Solo Gustavo Munúa, nacido en Montevideo hace 43 años, será el distinguido como el único DT extranjero en 28 equipos, dirigiendo a Unión.

En la Premier League, solo seis de los 20 entrenadores son ingleses. Hay tres alemanes, tres españoles, dos italianos y el argentino Marcelo Bielsa, entre otras nacionalidades.

En España, el italiano Ancelotti dirige al Real Madrid y el argentino Diego Simeone no solo comanda al vigente campeón, el Aleti, sino que es el entrenador con más tiempo en su cargo por amplio margen: lleva 10 años en el colchonero, seguido por Arrasate, del Osasuna, que cumplió tres años.

Hasta hace muy poco el neerlandés Ronald Koeman tenía el buzo del Barcelona, el Chacho Coudet sigue en Celta y el chileno Manuel Pellegrini volvió al Betis.

En Italia el nacionalismo en ese sentido está más arraigado y 15 de los 20 entrenadores de la Serie A nacieron allí. Solo grandes apellidos que brillaron en su etapa de jugador como Andriy Shevchenko (Genoa), el croata Sinisa Mihajlovic (Bologna) o figuras de la talla de Jose Mourinho (Roma) logran encajar.

La picadora brasileña

Sampaoli logró dejar su huella en el Santos y luego pasó al Atlético Mineiro. Foto: REUTERS/Washington Alves

Solo cinco de los 20 clubes del Brasileirao terminaron el último torneo con el mismo entrenador que lo habían empezado. Y uno de ellos se fue en el receso. Cuca, campeón en Atlético Mineiro, dijo adiós. Solo resisten Ferreira, Barbieri, Sylvinho (Corinthians) y el argentino Juan Pablo Vojvoda, de gran presente, clasificando a Fortaleza a la próxima Libertadores.

En esta picadora, de poco vale la nacionalidad. Si bien hay argentinos que supieron dejar su huella como Eduardo Coudet en Inter, Jorge Sampaoli en Santos y Mineiro y ahora Vojvoda, también hay ejemplos de ciclos con vaivenes, como el de Crespo; o pasos sin pena ni gloria, como los de Ariel Holan (Santos) y Gareca (Palmeiras)

A Cuca, que tuvo cinco ciclos diferentes en equipos brasileños (Palmeiras, Santos, dos veces, San Pablo y Atlético Mineiro) en los últimos cinco años, lo reemplazará otro argentino, Antonio Mohamed.

El equipo Galo acaba de contratar al defensor Diego Godín, que rescindió su contrato en Cagliari y tras 15 años en Europa se suma al campeón brasileño. A Diego Costa, que finalizó su contrato, lo había traído desde el Atlético de Madrid. Hulk, su gran figura de ataque, llegó desde China y Eduardo Vargas hacía goles en México cuando el club de Belo Horizonte puso dos millones de dólares y lo sumó al equipo que por entonces dirigía Sampaoli.

En esa dinámica poco puede sorprender que abran la billetera y busquen lo mejor del mercado argentino como cuando abrocharon a Nacho Fernández, figura de River, o a Matías Zaracho, el destacado de Racing.

Juan Pablo Vojvoda, DT de Fortaleza. (Photo by Javier TORRES / AFP)

Entre tanto elogio que parte desde estas latitudes hacia el país vecino, vale remarcar una cuestión: Mineiro es el club más endeudado de Brasil, por más de 200 millones de dólares. Y la deuda total de los clubes llega a los 2 mil millones.

Desde Argentina se observa al fútbol brasileño con envidia. Hay cierta lógica en esa mirada: el Brasileirao es un torneo clásico, con las virtudes que ello presenta y con el contraste que enrostra al mirar lo que ocurre en nuestro país en el que el mes próximo serán 28 los equipos que arranquen la Copa de la Liga Profesional.

La Serie A de Brasil, desde 2006 la juegan 20 equipos de los cuales, en la última edición, solo uno (Juventude, que se salvó del descenso en la última fecha) terminó sin premios ni castigo.

El resto: hay nueve clasificados a la Libertadores (el campeón Atlético Mineiro, Flamengo, Paranaense, Palmeiras, Fortaleza, Corinthians y Bragantino van a la fase de grupos mientras que Fluminense y América MG entraron al repechaje) seis se metieron en la próxima Sudamericana (Goianiense, Santos, Ceará, Internacional, San Pablo, Cuiabá) y cuatro descendieron a Serie B (Chapecoense, Sport Recife, Bahía y Gremio).

Aunque más allá del formato del torneo, es el dinero que mueve la principal diferencia que potencia al mercado brasileño.

Atlético Mineiro embolsó 10 millones de dólares por ganar la Copa de Brasil. REUTERS/Rodolfo Buhrer

Un dato cercano que sirve para graficar distancias: mientras la Copa Argentina le entregó a Boca 7 millones y medio de pesos (unos 37 mil dólares) por gritar campeón, Atlético Mineiro, que venció en la final de la Copa de Brasil al Paranaense se llevó más que 10 millones de dólares.

En los ingresos por derechos de televisación se potencia el abismo. “La TV es el principal ingreso de la mayoría de los clubes argentinos”, escribió el presidente de Argentinos Juniors, Cristian Malaspina. Y detalló: “En 2017 el contrato representaba 100 millones de dólares billete al año; en 2021 representa 43 millones de dólares billete al año. Sin plata no hay jerarquía, no busquen más: hay que actualizar”. En Brasil la cifra asciende a 275 millones por temporada.

La cascada obviamente se traduce en los futbolistas. Según detalla Transfermarkt, el valor de mercado de todos los jugadores del Brasileirao es de 1.200 millones de dólares mientras que la Liga Profesional, aún con seis equipos más en Primera, llega a 922 millones.

La trampa para “no echar” técnicos

La Confederación Brasileña de Fútbol determinó en marzo de 2021 que los 20 clubes que participan del Brasileirao podrán despedir hasta dos entrenadores por temporada. Y si deciden un segundo cambio, el sustituto tendrá que ser un miembro del club que trabaje “por lo menos desde hace seis meses” en esa institución.

La medida fue aprobada en una dura votación: de los 20 representantes de la máxima categoría, 11 levantaron la mano a favor y 9 se manifestaron en contra.

Pero en la práctica nada de esto ocurrió. Y la calesita siguió girando bajo el argumento de que no se producían despidos ni renuncias sino “salidas de común acuerdo”.

Este vacío legal que dominó al último Brasileirao se reflejó en Gremio, que tuvo cuatro entrenadores en la temporada que lo mandó al descenso. Luego de Renato Gaúcho llegaron Tiago Nunes, Luiz Felipe Scolari y Vagner Mancini.

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