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sábado, 4 febrero, 2023

Guzmán sale a buscar deuda por $ 265.000 millones y se prepara para meses desafiantes

El Gobierno buscará este miércoles colocar $265.000 millones en la última licitación de deuda del año y cerrar así su programa financiero con un nivel de renovación de vencimientos positivo, de cara a un 2022 desafiante por los abultados compromisos previstos en el primer trimestre y las mayores exigencias para cerrar un acuerdo antes de marzo con el FMI.

En esta última colocación del año, el equipo de Martín Guzmán contará con cierto margen para afrontar vencimientos por $284.0000 millones después de haber obtenido la semana pasada financiamiento extra por $100.000 millones, y ofrecerá en esta ocasión una batería de siete instrumentos para obtener los pesos necesarios en el mercado local al filo del año nuevo.

Más de la mitad del monto buscado se concentrará en los títulos de menor duración, un menú que incluye una nueva letra hasta enero de 2022 (LELITE), a la que solo acceden fondos de inversión (FCI), junto con la reapertura de tres letras a descuento (LEDE), con plazo hasta febrero, abril y mayo del año próximo, cuya tasa hoy se acerca al 41%.

Y, al igual que en otras subastas, habrá títulos destinados a los bancos y a los inversores que buscan cobertura, como es el caso de una nueva letra atada a la inflación (LECER) a octubre del año siguiente, y se reabrirá un bono ajustado por la tasa BADLAR más 5,25% a febrero de 2023 y un bono indexado por precios (BONCER), a julio de 2024.

Con ese menú, el Ministerio de Economía cerraría sin mayores dificultades un año no exento de complicaciones, como en agosto cuando no pudo renovar vencimientos. El nuevo escenario forzó una mayor asistencia del Banco Central al Tesoro y recién pasadas las elecciones de noviembre, logró recomponer la tasa de refinanciación, aunque sin alcanzar los niveles del primer semestre.

En paralelo a las señales al FMI, Guzmán pisó el gasto y moderó el déficit fiscal, por lo que este año podría bajar al 3% del PBI. Los cálculos privados son más optimistas que los del ministro, que primero lo redujo del 4,5% al 4% y, luego, al 3,5%. También, poco a poco, fue subiendo las tasas y tratando de absorber pesos, con instrumentos ajustados por el dólar y la inflación.

Pero sobre todo, Guzmán aprovechó lo que los analistas llaman un mercado “cautivo” de pesos de fondos de inversión, bancos y sociedades de bolsa, impedidos de volcarse al dólar por las restricciones cambiarias. Así y todo, diciembre concluirá con un 70% del déficit financiado por la emisión monetaria y un 30% por el mercado. El objetivo era que la asistencia del BCRA fuera de un 60%.

Hacia delante, el escenario será mucho más desafiante, con vencimientos por $225.000 millones en enero, $408.000 millones en febrero, $761.000 millones en marzo, $498.000 millones en abril y $640.000 millones en mayo. Un detalle no menor es que desde febrero buena parte de esos bonos se ajusta por inflación, lo cual podría sumar presión si los precios se aceleran.

Por otra parte, el mercado seguirá de cerca la negociación de un nuevo programa con el Fondo, que incluye una supuesta reducción de la inflación mediante una menor emisión monetaria, una variable que se aceleró en los últimos meses y en diciembre llevó al Tesoro a requerir $350.000 millones del Banco Central ante las mayores necesidades financieras.

¿Suben las tasas?

La otra exigencia del FMI es una suba de las tasas de interés por encima de la inflación, tras haber quedado más de un año congeladas. Guzmán ya movió las del Tesoro, mientras que el Banco Central se resiste a hacerlo, si bien dejó trascender que lo evaluaba. En el fondo, Miguel Pesce teme que esa medida frene el ritmo de crecimiento.

Hoy, la tasa de interés de referencia, aquella que paga el BCRA por tomar deuda (Leliq), es del 38% nominal (y la efectiva anual, del 45%). Esto representa unos 13 puntos por debajo del nivel de suba de precios, que está en torno al 51% interanual, y significa una brecha mayor que la de países como Brasil, Chile y Colombia.

Los bancos creen que es necesario ajustarlas para volver más atractivos los plazos fijos y mejorar los ingresos por otorgar crédito al sector privado. Pero los economistas ponen algunos reparos en el contexto de crisis de deuda y cepo cambiario, que en 2014 llevó a los bancos a hacer leves ajustes y colocar fondos en las Leliq, según un informe de Analytica.

En el sector financiero lo relativizan y sostienen que tienen un límite para encajar depósitos en títulos del Central. Aunque reconocen que si el BCRA sube las tasas, se encarecerán sus costos, ya que deberán pagar más intereses por dichas letras. “La situación es compleja“, admiten en un banco.

El otro interrogante es si hay consenso en el Frente de Todos para avanzar por un carril que complicaría un “crecimiento sin ajuste”, como exige Cristina Kirchner. Se supone que una suba de tasas reduce la demanda de dólares (al mejorar el rendimiento en pesos) y las presiones inflacionarias por la menor demanda de crédito, circulación de dinero y nivel de actividad.

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