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domingo, 25 septiembre, 2022

La serie Luna Park no gana por nocaut, pero le rinde un hermoso tributo al cine italiano de los ’60

Seguramente no quedará en la memoria de sus espectadores como “la serie del año”, pero sí, tal vez, encienda la memoria de muchos de los que han sentido el aroma cinematográfico de la Italia de los ‘60. Y, además, despierte el interés de esa fragancia en quienes sean de generaciones posteriores. Llegada desde Roma, Luna Park se las ingenia, sin brillar, para entretener con seis capítulos ágiles.

Disponible en Netflix, la ficción de corte “drama romántico” viaja a esa interesante década, de la que todos los frentes narrativos se nutren para contar un cuento de cruce de clases, de identidad, de secretos familiares, de amores prohibidos, con un telón de fondo político en el que no se ahonda. Contextualiza, digamos.

La perla más preciada de Luna Park no radica necesariamente en la historia ni en los personajes, sino en un recurso que esconde un tributo: uno de los escenarios reales en los que se grabó esta serie es Cinecittá, un emblemático complejo de estudios y sets de filmación en el que históricamente se rodaron más de 3.000 películas.

Y si uno está atento a los detalles, cada tanto aparecen guiños a los grandes de hace 50 años, como una imagen de La dolce vita, uno de los clásicos de Federico Fellini (1960).

En Luna Park también hay tiempo para el amor de Nora, con un fotógrafo de estrellas del espectáculo. Tributo al cine.

Acorde a los tiempos empoderados que corren, los personajes principales de esta historia son dos mujeres, de clases sociales opuestas, que se cruzan en la vida. O eso, al menos, creen ellas, pero los espectadores entendemos de entrada que hay algo más que simple coincidencia.

Nora Marini (Simona Tabasco) es una feriante del parque de diversiones que le da título a la serie, que vive en una casa rodante. Y Rosa Gabrielli (Lia Grieco) es una chica de clase alta que se pierde en la mansión de sus padres. La pantalla las presenta como el agua y el aceite, pero el pasado parece haberles escondido en el mazo una carta marcada, que para qué develar ahora.

Alrededor de ella se teje un pintoresco collar de personajes secundarios, de un lado y otro de la grieta socio cultural, que a medida que van corriendo los episodios van saltando esa línea divisoria, muchos de ellos empujados por secretos y mentiras del pasado. Uno de los más coloridos es el padre de Nora (Tommasso Ragno), alma mater del Luna Park donde transcurre buena parte de la historia.

Es muy variopinta la paleta de personajes de esta buena serie italiana.

Más allá del homenaje a esa década dorada del cine italiano, recreando rodajes sesentistas, la serie tiene en su guionista una de las razones de ser, porque Isabella Aguilar es la misma que le dio vida a la trama de Baby, uno de los fenómenos de Netflix en 2019 sobre dos adolescentes que se prostituían en secreto y, acaso, como un juego inocente.

Aguilar sabe mirar a las mujeres de ficción, por eso aquí trazó los caminos (no muy paralelos) de Nora y Rosa, a las que intenta no perder de vista, pero tal vez le haya agregado demasiados ingredientes al cóctel de Luna Park, con varias batallas simultáneas a librar en el mismo ring.

Ficha

Calificación: Buena

Drama romántico Protagonistas: Simona Tabasco y Lia Grieco Guionista: Isabella Aguilar Directores: Leonardo D’Agostini y Anna Negri Emisión: Seis episodios de 50 minutos, en Netflix.

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