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lunes, 4 julio, 2022

Idas y vueltas de una relación con Managua que complica a la Casa Rosada

Las relaciones entre los gobiernos Gobierno de Alberto Fernández y Daniel Ortega comenzaron con cierta indiferencia, hasta que tibias críticas de la Casa Rosada hacia el régimen sandinista, a quien de todos modos no condenó en distintas votaciones, provocaron el enojo del dictador nicaragüense.

Más aún, en el mero vínculo diplomático se refleja una relación de lo más curiosa porque el año pasado, el Gobierno envió a Managua como embajador a Daniel Capitanich, hermano del gobernador del Chacho, Jorge, y admirador del sandinismo de ayer y hoy.

Meses después, en los días en los días en que Fernández y su ex canciller Felipe Solá buscaron sin éxito hablar por teléfono con Ortega sobre el tendal de opositores que estaba metiendo presos -el dictador no los atendió- el Presidente y su colega Andrés Manuel López Obrador -al que el argentino se alío en todo- resolvieron presionar y convocaron a sus respectivos representantes en Managua. Los embajadores no volvieron.

La postura del gobierno de Alberto Fernández, tibia con Nicaragua. Foto: REUTERS

De ahí que el Gobierno se queja de la presunta “injusticia” que sufre cuando se evalúa su posición abstencionista en la Organización de Estados Americanos (OEA) ante el ahogo a la democracia por parte de los regímenes de Nicaragua, Cuba y Venezuela.

Este mismo jueves a la mañana la portavoz de la Presidencia, Gabriela Cerruti, elevó el tono de crítica al régimen de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo: “Argentina cuestiona el desenlace electoral en Nicaragua. Entiende que no hay democracia limpia con presos políticos y con proscripciones”. Recordó que el Gobierno apoya los informes críticos de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos en la ONU, la chilena Michelle Bachelet. 

La doble postura del Gobierno, la de criticar a Nicaragua y Venezuela ante la ONU y no ante la OEA remite por un lado a la pelea casi personal entre Fernández y el secretario general del organismo, Luis Almagro y por el otro, al traumático vínculo del kirchnerismo con los Estados Unidos. En la coalición de gobierno hay además sectores fervientemente pro chavistas y pro sandinistas. 

Lo curioso de esa ambigua posición oficial es que Nicaragua es un pais de bajo peso en la comunidad internacional y sin la sensibildad de los vínculos que tiene el kirchnerismo con Venezuela y Cuba. Además siendo presidenta, Cristina Kirchner, escuchó en directo las denuncias de Zoilamérica, la hija de la primera dama nicaragüense Rosario Murillo de que Daniel Ortega la violaba. Por si ello fuera poco, el régimen de Ortega fue durísimo para con Fernández y Solá,.

Nada garantiza que con una postura concesiva ante las elecciones que consagraron a Ortega nuevamente presidente el domingo pasado, los nicaragüenses no se opongan esta vez a las aspiraciones argentinas de presidir el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, tal como busca el Gobierno ahora.

Para el caso, vale la pena recordar las duras críticas que disparó el canciller de Ortega en la última cumbre de la CELAC, el sábado 18 de septiembre, cuando expuso ante el plenario de presidentes las razones por las que su país se opuso -fue el único- a que la Argentina presidiera la CELAC.

“El gobierno argentino se convirtió en instrumento del imperialismo norteamericano, ordenándose a sus intereses hegemónicos, diseñando dicho por ellos mismos con el gobierno de Estados Unidos” sostuvo Moncada que se trataba de una “estrategia” que buscaba “vulnerar y negar la soberanía nacional de nuestra Nicaragua.”, sostuvo el ministro Denis Moncada. Y acusó a la Argentina haberse “atrevido a interferir” sus asuntos y de hacer “política propia, interviniendo vulgar y ofensivamente en clara e insultante sintonía con los yanquis en temas internos de nuestra patria”.

Fue en esa traumática cumbre a la que Fernández finalmente no asistió en la que se despacharon los nicaragüenses. Fue tras la derrota del oficialismo K en las elecciones primarias del 12 de septiembre. Y fue tambien en el contexto del dramático momento que vivió el ex canciller Felipe Solá que en pleno vuelo a esa cumbre de la CELAC fue informado por Santiago Cafiero que él mismo lo reemplaza como ministro.​​

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