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lunes, 4 julio, 2022

China enfrenta el corto plazo con el auge digital

China se expandió 4,9% anual entre julio y septiembre de este año, el menor nivel de los últimos 12 meses, comparado con el crecimiento de 7,9% anual que experimentó en el segundo trimestre de 2021.

La causa fundamental es el cierre de gran parte de la actividad manufacturera en las provincias del Sur por la crisis energética, a lo que hay que sumarle la reaparición de brotes del coronavirus en el Norte de la República Popular.

Aun así, el PBI se expandió 18,3% anual en el primer trimestre del año, récord histórico absoluto desde que se llevan registros (1991). Esto fue precedido por una expansión de 6,5% en el último trimestre de 2020, el mayor porcentaje del año; y fue lo que le permitió a la República Popular ser la única gran economía del mundo que logró crecer el año pasado.

Microchip/microprocesador de semiconductores integrado en la tarjeta de circuitos azul representativa de la industria de alta tecnología y la informática. Y eje de la recuperación china.

Hay que señalar que la pandemia del coronavirus surgió en China el 28 de diciembre de 2019, y hundió la economía del país 6,9% entre enero y abril del año pasado.

El impulso central del auge extraordinario del primer trimestre fue la expansión excepcional de la producción industrial, que se elevó 24,5% entre enero y abril de este año.

Esto fue acompañado por un alza notable del comercio exterior (exportaciones + importaciones), que creció 30,5% anual en los primeros 6 meses del año, debido a una economía mundial en plena expansión que crecería entre 8% y 9% en 2021.

Esta situación ha profundizado el papel de China en la economía mundial, y la ha hecho responsable de más de 40% del crecimiento del PBI global en 2021, así como ha ratificado su condición de principal socia comercial de 144 países en el mundo, sobre 192 representados en Naciones Unidas.

El rasgo propio del ciclo económico chino es que su recuperación se encuentra un trimestre adelantada respecto al sistema global, de modo que el crecimiento fenomenal de la demanda externa encontró a China con un sistema industrial completamente normalizado.

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La economía china, la segunda del mundo (US$15,6 billones/17% del PBI global), creció 9.8% en los primeros tres trimestres del año, de lejos el mayor nivel mundial; y si logra expandirse entre 3% y 4% en el último trimestre de 2021, tendría un alza de 8,5% anual, por encima del promedio mundial.

Por eso es que China ha creado 10,45 millones de nuevos empleos urbanos en los primeros tres trimestres de 2021, que representan 95% del objetivo nacional para este año.

Esto está acompañado por una tasa de desocupación que declinó a 4,9% en septiembre de 2021, con un salario real que aumenta 4,2% mensual, y un nivel de inflación de 3,2% en el año.

Las altas y bajas del ciclo chino no modifican la estrategia de fondo de la República Popular, constituida por dos vectores fundamentales: la búsqueda sistemática de una sociedad basada en la “prosperidad común”, que es la multiplicación de oportunidades económicas, sociales, y culturales para la masa de la población, que provoque una mejora significativa y acumulada de la calidad en las condiciones de vida, sobre la premisa de que esto debe ocurrir sin distinción alguna entre las provincias costeras y el Interior, los sectores rurales y urbanos, y entre los grupos de mayores ingresos (hay 2.924 billonarios en China) y los de menores recursos.

La “prosperidad compartida” nada tiene de esfuerzo igualitario, y de búsqueda de un mínimo común denominador. Aquí lo que está en marcha es una suerte de “Larga Marcha” de carácter ascendente, en términos de oportunidades y de riqueza del conjunto social.

El segundo trazo crucial de la estrategia china es la conversión del sistema productivo y de servicios en una “economía digital”, que hoy abarca a más de 40% del PBI (US$6,9 billones); y treparía a 70% o más en 2030.

Esto es lo que explica que EE.UU., la primera potencia mundial, esté disputando la primacía con China en lo que se refiere al dominio de las tecnologías de avanzada de la Cuarta Revolución Industrial (CRI). Lo está haciendo con un país que descubrió el capitalismo hace solo cuatro décadas. Esto es lo que significa la aceleración histórica.

El núcleo de esta “economía digital” es la CRI, que es la digitalización completa y forzada de la manufactura y los servicios, utilizando 3 tecnologías centrales, que son la Inteligencia artificial, la Internet de las Cosas (IoT) y la robotización.

De ahí que se haya decidido multiplicar por cuatro el gasto en investigación y desarrollo (I&D) en los próximos diez años (hoy ascienden a 2,7% del producto); y a transformar en centros mundiales de innovación y alta tecnología a las dos grandes mega-urbes del Norte y el Sur (la primera Jing-Jin-Ji con epicentro en Beijing, y la segunda el conjunto formado por Hong Kong, Shenzhen y Macao).

Estas mega-urbes de alta tecnología e incesante innovación solo competirán en el mundo con el “cluster” ubicado en la costa oeste de EE.UU., con epicentro en el valle de San José, Silicon Valley; y el gigantesco despliegue de innovación, emprendimiento, y creatividad que se realiza desde Austin, Texas a Boston/Nueva York en la costa Este.

Esta es la situación de China en materia económica después de haber experimentado una leve disminución a 4,9% del producto en el tercer trimestre de 2021

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