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jueves, 7 julio, 2022

“Argentina es un país que se mueve, que rebota, pero siempre está en el mismo lugar”

En un microcentro que se va poblando de a poco, las oficinas de Fiel van regresando a la normalidad. Juan Luis Bour, su economista jefe, cuenta con orgullo que es graduado de la UBA a secas. Y pone el acento en la crisis de la productividad en la Argentina, lo que implica más crisis y más atraso. Define que somos un país con una economía que traba y que se cierra a las oportunidades del mundo. Y sostiene que el acuerdo con el FMI es esencial. Aquí el diálogo con el Económico.

¿Qué implica una crisis de productividad?

–Tenemos una crisis que se caracteriza por más de 10 años de deterioro de las condiciones de actividad y por lo tanto de la productividad, que es algo que cuesta ver. Se manifiesta en que cada vez la gente gana menos. El deterioro de la productividad, que es la base del crecimiento, se debe a muchos factores. Esta es una economía cada vez más cerrada, no tiene lazos permanentes de inversión y de comercio. Y los lazos más permanentes que podemos tener son de exportaciones primarias, básicamente.

-Las exportaciones que usted define como primarias tienen una alta dosis de tecnología en su interior…

-Si, pero fallamos en exportaciones más sofisticadas. Porque el gobierno cada vez que ve que hay alguien que gana, le aplica impuestos especiales, se hace socio. Entonces, primero, es una economía de menor productividad, porque es una de la economía más cerrada al mundo, cuando el mundo es el que lidera y crece. Es una economía que traba el funcionamiento de los servicios básicos que se ha deteriorado mucho, desde el 2000 en adelante. Y eso lleva a un deterioro de la inversión en servicios públicos. Hoy estamos tratando de funcionar con las comunicaciones. Ni que hablar de rutas en general. Vaca Muerta es una promesa, porque es algo así como lo que no fue. O casi, con algunas excepciones, como Fortín de Piedra y otros casos. Es una economía donde el trabajo es cada vez menos productivo. La porción del empleo productivo, que es básicamente el empleo privado asalariado, es cada vez más pequeña, en el empleo total. Y lo que crece es el empleo de trabajadores independientes, algo de asalariados informales y empleo público.

-¿A qué lo atribuye?

-A que es imposible contratar laboralmente en Argentina. El empleo formal privado está bajo y hasta el informal no recupera, porque esos asalariados informales trabajan en empresas que tienen un mínimo grado de sofisticación. Hay un sistema financiero extremadamente pequeño; no porque hoy sea pequeño, sino porque se viene reduciendo. Hay una situación de deterioro de la productividad que lleva a un bajo nivel de ingresos y a todos los conflictos que tenemos. Esta es una economía, por lo tanto, en crisis y que por supuesto se caracteriza por estancamiento, alta inflación y periódicas crisis. Es una situación recurrente de crisis.

-¿Ve alguna isla de productividad, excepciones a ese cuadro?

-Siempre existen sectores que pueden adaptarse un poco más a las condiciones. Pero, digamos, cuando se deterioran los incentivos, se afectan los precios relativos que guían la inversión. Es una perogrullada decir que el agro es un sector bastante competitivo. Y gracias a que tiene un sector competitivo como el agro, obviamente, puede darse ciertos lujos. Pero el mundo requiere adaptación permanente. Y la adaptación requiere reasignar recursos, permanentemente. Requiere que la gente se mueva de un lugar a otro, que una compañía traslade su planta de aquí a otro lado, que se traigan insumos del exterior, etcétera. La adaptación requiere mucha flexibilidad. Bueno, la Argentina le pone trabas a la flexibilidad. Y las trabas a la flexibilidad hace que se pierdan los trenes que están pasando. No quiere decir que no habrá oportunidad de subirse al tren, porque siempre existe esa posibilidad. Pero este es un país que recurrentemente va a default, le pone problemas a las empresas para exportar. Y estamos discutiendo pagarle un crédito al Fondo Monetario, cuando normalmente cualquier país renueva créditos por mucho más del 10% del PBI todos los años. Es decir, no tiene ningún problema.

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-¿Qué importancia le da a un acuerdo con el Fondo?

-Lograr un acuerdo con el Fondo es parte de empezar a tener un programa económico y por otro, ciertas perspectivas de una estabilidad macroeconómica. Argentina no puede aspirar a la estabilidad y el crecimiento, si tiene permanentemente una situación de casi default con el Fondo. La duda que existe en esa negociación no es si le conviene llegar a algún acuerdo. Y ese acuerdo no es muy difícil. Es decir, el FMI pide un programa fiscal razonable y creíble, que tenga cierto apoyo de parte de la coalición gobernante, que se pueda implementar. Seguramente no van a pedir una reducción del déficit dramática, sino una muy paulatina evolución en ese aspecto.

-¿Qué puede llegar a pedir respecto del tipo de cambio?

-Básicamente que un país normal no puede tener 12 tipos de cambio. Cualquiera le pediría una convergencia tendiente a la unificación. Es decir, algunas cuestiones muy básicas, que es algo así como decir mire, tiene que admitir que la ley de gravedad está operando sobre la tierra y, por lo tanto, trate de atenerse a esas normas. Eso le permitiría tener un acuerdo con pocos compromisos de devolución de capital, durante algún tiempo. Daría espacio para normalizar la actividad, empezar a crecer, tener menos déficit y de esa forma retornar a los mercados de capitales y sacarse de encima la gran duda que hay en los mercados de que, bueno, tarde o temprano, vamos a entrar en default con los que acabamos de negociar hace un año. Que es la razón por la cual no hay crédito para Argentina. Entonces, el acuerdo con el Fondo es esencial para saber que Argentina quiere llegar a una situación de estabilidad macroeconómica.

-¿Y si no se llega a un acuerdo?

-Si no hay acuerdo, no es un problema del Fondo, es un problema de la Argentina, claramente. Para el Fondo ya está escrito, ya lo sabíamos nosotros, no es un problema que Argentina no acuerde. Hay una mirada de que si Argentina no acuerda con el Fondo es un problema para el Fondo. No, no es ningún problema para el Fondo. El Fondo hace el write off, una cancelación de esos fondos y no tiene ningún problema, el problema lo tenemos los argentinos y nosotros somos los que tenemos que actuar. Mientras nosotros no logremos cambios muy importantes en nuestras instituciones, que nos permitan generar un nuevo shock de productividad, va a ser difícil que logremos una recuperación de crecimiento estable. Lo que vamos a tener son rebotes. Un país que rebota, es un país que se mueve mucho, pero siempre está en el mismo lugar. Se crece fuerte unos años, se cae fuerte se cree en un recorrido pero nos mantenemos siempre en el mismo nivel de producto per cápita.

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-¿El problema son las instituciones?

-Si nos comparamos con el resto de la región, no hay instituciones básicas. Por ejemplo Uruguay. Ellos no tienen que pensar en redefinir su sistema financiero, porque tienen un sistema financiero que funciona. Bien o mal, pero funciona y no ha tenido los colapsos que tiene la Argentina. Brasil, con todos sus problemas y con los gobernantes que tiene, ha hecho reformas que le permiten tener cierta estabilidad macroeconómica, un banco central independiente, un sistema laboral bastante reformado y una economía que tiende a abrirse cada vez más e integrarse al mundo. Chile, más allá de todos los problemas y los ciclos, es una economía que no tiene que pensarse. Entonces, el punto a observar es que ese desorden macroeconómico, producto de la falta de institucionalidad, lleva a una situación de deterioro y de caída en el rendimiento del producto económico. Bueno, eso es lo que es la caída de productividad. Si nosotros no tenemos reformas importantes, pensando en mejorar nuestra productividad, nuestra eficiencia, no vamos a lograr nunca recuperar ingresos y mejorar la cuestión social.

-¿Qué incluye en esas reformas?

-En Argentina, casi todo. Estamos en reformas de primera generación, de algo muy básico. Lo fiscal, lo monetario. Hay que tener una economía más abierta, para estar más integrado al mundo. La Argentina es un país extraordinariamente cerrado, lo fue con el Mercosur y ahora está tratando de cerrar al Mercosur, de ponerle trabas. Por eso debe haber reformas al comercio, regulación de servicios públicos, para facilitar el hecho de que haya inversión en servicios públicos y obviamente, el mercado laboral, sin ninguna duda. Y, por supuesto, una reforma tributaria. No basta con el eslogan de que hay que bajar impuestos. No se pueden bajar impuesto si hay gasto excedente y de mala calidad.

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-En cuanto al mercado laboral, parece bastante flexibilizado…

-No. Al contrario, ¿qué puede esperar uno de un mercado laboral donde no se puede despedir a un trabajador? ¿Suena mal? No. Suena como una locura, en el sentido en que solo se puede contratar, no despedir. Las restricciones ahí son muy fuertes y hacen que el mercado formal sea cada vez más chico. El valor de una empresa es su capital humano. Pero para tener un buen capital humano, debe existir la posibilidad de seleccionar el capital humano.

-¿Qué política recomienda para estas tasas de inflación?

-Lo básico un programa económico. Si no hay programa económico, no hay ningún shock que vaya a servir. Es decir, si se dolariza la economía de un día para el otro, como alguien piensa, y no se resuelven los problemas fiscales, vamos a saltar por los aires. De modo tal que se requiere tener el programa, tener el compromiso eventualmente entre partidos. En el sentido no exactamente de qué se va a hacer, porque tiene que haber un margen. Pero tiene que haber ciertas reglas de estabilidad fiscal. Hay que olvidarse que esto se resuelve anclando el tipo de cambio o anclando precios y quedándose sentado.

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