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jueves, 7 julio, 2022

Diana Bellessi, una poeta inigualable dentro de la literatura argentina

Nacida en Zavalla, un pueblo de Santa Fe, recorrió el mundo a pie durante seis años. Dio talleres en las cárceles y enseñó a los músicos de SADAIC. Su obra exquisita y fecunda le proporcionó grandes reconocimientos como, entre otros, el Premio Nacional de Poesía.

Diana Bellessi, una poeta inigualable dentro de la literatura argentina (Foto: Facebook/Daiana Bellessi).

Diana Bellessi es una de las grandes poetas argentinas. Nació en el campo, en Zavalla, un pueblo de la provincia de Santa Fe. Cuando tenía 14 años y cursaba la escuela secundaria en Casilda, un día la paró en el comedor escolar el poeta Aldo Oliva que había ido a dar clases como interino. “¿Así que vos escribís versos?” le preguntó y ella, a pesar de su extrema timidez, le contestó que sí. “¿Y leíste a los románticos alemanes?” No, no los había leído, pero fue a la biblioteca y buscó a todos los románticos: los alemanes, los ingleses, todos los que encontró traducidos. Estudió Filosofía en la Universidad del Litoral y poco antes de licenciarse se marchó. Estuvo seis años recorriendo el mundo a pie. Iba con su mochila tomando camiones. Llegó a Perú y siguió por toda América Latina; se quedaba días o meses: “Esa es la manera de viajar”, decía. Todo está en su primer libro, Crucero ecuatorial.

Su producción fue creciendo –El jardín, Tributo del mudo, Danzante de doble máscara, Eroica, Tener lo que se tiene– mientras integraba la redacción de revistas como Feminaria y del legendario Diario de Poesía. También fue una de las fundadoras de la cooperativa editorial Nusud. Durante años dio talleres de escritura en las cárceles y también, invitada por María Elena Walsh, dio clases a músicos y letristas en SADAIC. Declara que ahí aprendió mucho del endecasílabo y el arte menor porque se aprende mucho al enseñar. Todavía le piden consejo algunos de sus antiguos alumnos.

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En 1993, Bellessi obtuvo la beca Guggenhein en poesía y en 1996 el Premio Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes, entre otros galardones, en la Argentina, Turquía, Chile, Uruguay y otros países. Por fin ganó el Premio Nacional de Poesía y con ese dinero se compró una casita, como ella la llama, en Zavalla, el pueblo en el que nació. Lo primero que hizo fue plantar árboles y luego abrió una gran ventana. Desde ahí observa el paisaje, el verde, las variaciones de la luz y todo lo que siempre le interesó, desde que era chica y vivía en la chacra de su familia: las mariposas, los sapitos, los pájaros, los campos de girasol.

Entre otras grandes firmas tradujo a Ursula K. Le Guin, la gran escritora estadounidense que se hizo especialmente popular por su literatura fantástica. Entabló con ella una amistad primero epistolar y luego se conocieron en breves encuentros. Reconoce como su gran maestro, solo por leerlo, a Hugo Padeletti y admira profundamente los modos de la literatura oral, la que cultivó Violeta Parra, “que es lo más grandioso que existe sobre la Tierra”.

Bellessi escribe: “He construido un jardín como quien hace/los gestos correctos en el lugar errado./Errado, no de error, sino de lugar otro,/como hablar con el reflejo del espejo/y no con quien se mira en él…”

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