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sábado, 2 julio, 2022

La historia del chupetín que le dio nombre al cacique más famoso y cómo se escribió una reconocida obra de teatro detrás de un telegrama

En la última entrega de Historias Ricas, Daniel Balmaceda reveló más curiosidades de la cocina y el pasado. De cómo una golosina inspiró el nombre de Patoruzú a la calle cortada donde un viajante escribió: “M’hijo el dotor”.

Cuenta la historia que Dante Quinterno se inspiró en la golosina orozuz para ponerle nombre al caique más famoso de las historietas. (Foto: Archivo)

Como cada viernes, en la última emisión de Historias Ricas, Daniel Balmaceda reveló más datos curiosos que mezclan la gastronomía con la historia argentina. Esta vez los personajes centrales son dos escritores que dejaron su marca en el tiempo. Una golosina y un café fueron parte de su éxito. Aunque no lo creas, el cacique Patoruzú y la obra teatral M’hijo el dotor también tienen su historia rica.

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Cómo la golosina orozuz inspiró el nombre de Patoruzú

La historia tiene que ver con un personaje muy conocido y el orozuz, un dulce que se comía en todo el territorio y que era como un chupetín para todos. El orozuz era la golosina del 1900. Dante Quinterno en 1928 escribió para el diario Crítica la historia de un cacique que se llamaba Curugua Curiguagüiga. El editor le dijo que no le podía poner así. “Ponele otro nombre fácil como si fuera la pasta de orozuz”, le dijo. Entonces el famoso dibujante le puso Patoruzú.

Dulce de orozuz. (Foto: Adobe Stock)Por: photocrew – stock.adobe.com

“M’hijo, el dotor”

En un café del pasaje Carabelas, Florencio Sánchez escribió “M’hijo el dotor”.

En 1856 se creó el Mercado del Plata, muy cerca de donde hoy esta el Obelisco. Era el mercado más importante de Buenos Aires en aquel tiempo. Lo curioso era la parte trasera del mercado que se llamaba cortada porque por ahí no se podía transitar. En esa cortada que hoy se llama Carabelas hubo muchos hoteles y restaurantes. A uno que se llamaba Doria llegaba todas las noches un uruguayo, Florencio Sánchez, con un montón de formularios de telegrama que había quitado del correo y le decía al mozo: “¡Café y tinta! Llegaba el café, llegaba la lapicera y se ponía a escribir. En 1903 en el café Doria, detrás de los papeles de telegrama escribió la obra teatral “M’hijo, el dotor”.

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