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lunes, 4 julio, 2022

El laberinto del dólar: puede costar entre $ 66,81 y $ 207

Ya el hecho de tener más de diez precios distintos para el mismo producto demuestra una irregularidad y más cuando la “brecha” que separa a algunos de ellos supera 100%.

El viernes el dólar “contado con liquidación” intermediando acciones de Galicia que se liquidan en el exterior tocaba $ 207 y marcaba uno de los desfasajes de un mercado cambiario caracterizado por la presión de la demanda frente a la retracción de la oferta.

Moviéndose entre el dólar MEP con bonos AL30, que es donde interviene el Banco Central, que cotiza en $ 180,80, y vendiéndolos en el blue a $ 194 (tipo comprador), se logra una diferencia de 7,8% en cuestión de minutos aunque, en ese caso, se trata de comenzar una operación con dinero en blanco para terminarla en el circuito marginal.

Distinto es el margen si el contado con liqui se hace con bonos GD30, que son de legislación extranjera y que en las últimas horas marcaban un dólar de unos $ 204.

La amplia diferencia entre hacer la operación con bonos a AL30 o GD30 (los dólares resultantes son de $ 180,80 y $ 204) habría llevado al Central a operar en el circuito del GD30 en el intento de aquietar las aguas.

La disparada de los dólares libres determina que la Argentina se haya abaratado aún más para turistas e inversores extranjeros.

Con un dólar de $ 207, la jubilación mínima, que recibe la mayor parte de la clase pasiva, equivale a US$ 125 mensuales.

Probablemente se escuchará a algún funcionario diciendo que el blue de $ 198 o el contado con liquidación de $ 207 no son representativos del comercio exterior y que los precios están fijados en función del dólar oficial de $ 105, pero se trataría de un comentario de patas cortas.

El Banco Central debió vender el viernes US$ 290 millones para atender una demanda sostenida de divisas.

Sin ir más lejos, el Central habilitará la posibilidad de que los turistas extranjeros abran cuentas de ahorro en bancos locales para vender sus dólares a dólar-MEP, o sea a unos $180.

El mecanismo resulta llamativo, pero la diferencia entre venderlos a $ 105 o a $ 180 es jugosa aun cuando venderlos en el blue, pero con más riesgo, a $ 194 puede resultar ventajoso. Dependerá de la aversión al riesgo de cada viajero.

Una de las realidades cambiarias argentinas es que el comercio exterior marca superávit en los registros pero no en el aumento de las reservas del Banco Central.

En septiembre, por caso, según un informe de la consultora Anker, el superávit comercial fue de US$ 1.667 millones “con exportaciones que resultaron las más altas para el mes desde 2011”, pero el Central vendió US$ 957 millones en el mercado “reflejando una fuerte cancelación neta de deuda comercial”.

El Central gana dólares de las exportaciones (pese a que el dólar-soja ronda $ 66,81) pero, aun con haber endurecido el cepo cambiario, no logra equilibrar las cuentas. La demanda le termina ganando a la oferta.

Resulta obvio que si alguien tiene que pagar un producto o insumo importado, o cancelar una deuda con el exterior, intentará hacerlo a un dólar de $105 a pesar de la promesa del ministro Martín Guzmán respecto de que no habrá una devaluación brusca después de las elecciones del 14 de noviembre.

La desconfianza de los agentes económicos sobre el accionar de los funcionarios viene siendo expresada en cifras en la evolución de los precios de las acciones de compañías privadas en su comparación con los bonos del Estado.

El último informe de la consulta Quantum se pregunta: ¿durará el desacople entre el precio de las acciones y los bonos? y pone el foco sobre la evolución de esos mercados desde el canje de deuda privada que cerró el Gobierno en septiembre del año pasado.

“El precio promedio de la deuda soberana en dólares se desplomó de niveles de US$ 50 a US$ 34, un caída de 30%“.

La otra cara de la moneda es que, medido en dólares libres, el precio promedio de las acciones argentinas aumentó 17% en el mismo período.

Tradicionalmente, el nivel de riesgo de los bonos del Tesoro de un país constituye el “piso” a partir del cual los inversores estarían dispuestos a comprar acciones de compañías privadas, pero en la Argentina eso también se quebró.

Ni el canje de la deuda con los bonistas privados que logró despejar por cuatro años el horizonte de vencimientos ni las definiciones que buscan despejar la incertidumbre sobre una posible devaluación después de las elecciones, logran hacer bajar una tasa de riesgo país de 1.700 puntos, que está en el mayor nivel del último año.

A dos semanas de las elecciones legislativas es poco el cambio que se puede esperar en materia de expectativas y lo único firme y elevado es el nivel de incertidumbre.

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