Mucho antes que Verstappen, la trágica historia del primer neerlandés en la Fórmula 1, que combinó vértigo y muerte

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Max Verstappen logró poner al automovilismo neerlandés de nuevo en un Gran Premio de la Fórmula 1, cuando este año la categoría retornó al circuito Zandvoort, y con él por primera vez un piloto de su país lucha por el título. Pero hace seis décadas, el camino lo inició un noble que debutó en el Gran Premio donde Juan Manuel Fangio ganó la mejor carrera de la historia: Carel Godin de Beaufort.

Nacido el 10 de abril de 1934, su vida en el castillo de Maarsbergen, a una hora de Ámsterdam, transcurría sin mayores emociones hasta que se anotó para competir en la prueba de resistencia italiana Mille Miglia con un Porsche 356. Fue el puntapié inicial de su pasión, aunque lo hizo con un reparo: el visto bueno de su madre, que lo autorizó a correr si con él llevaba a su hermana Cornelia.

Con el dinero familiar, compró algunos Porsche, fundó con su hermana Ecurie Maarsbergen, un equipo en el que ella era la cronometrista, y se inició en el automovilismo. No tardó en jugar en las grandes ligas y el 4 de agosto de 1957 disputó su primera carrera de Fórmula 1. Lo hizo en el desafiante Nürburgring, aquel Infierno Verde que conquistó el Chueco y en el que el neerlandés acabó 14°, a dos vueltas, con un auto de Fórmula 2.

Carel Godin de Beaufort. Foto: archivo Gérard Crombac

Las anécdotas sobre su excentricidad abundan. Dicen que un día hizo que su mayordomo le llevara a la línea de partida los guantes, las antiparras y el casco. Otros cuentan que corría en medias para no utilizar botas y ser más liviano sobre el coche.

“Alto y macizo, era consciente de su sobrepeso. La dieta era su obsesión. Un día vino con un portafolio lleno de píldoras que tenían que ingerirse antes de cada comida. En poco tiempo bajó 35 kilos”, relató Louis Stanley, quien fue director del equipo BRM. También recordó un aspecto que pinta como el profesionalismo en esa época dependía de cada piloto. “Aún en momentos de intensa presión durante un GP, era capaz de saludar repentinamente a un amigo a un lado de la pista”, explicó.

Como alternó carreras de resistencia con las de Fórmula 1, no participaba de todas las carreras de la temporada hasta que en 1962 su nombre se hizo habitué. Entonces, acumuló competencia y cosechó sus mejores resultados con su Porsche naranja: fueron cuatro sextos puestos entre 1962 y 1963.

Al año siguiente, su último Gran Premio fue el de casa, el 24 de mayo, cuando abandonó después de ocho vueltas en el viejo Circuit Park Zandvoort.

Carel Godin de Beaufort.

Su siguiente presentación, dos meses después, fue la última y no llegó a la carrera. En los entrenamientos del GP de Alemania, el Porsche 718 se despistó en la curva de Bergwerk, la misma donde Niki Lauda sufrió el accidente que casi lo mata en 1976.

Godin de Beaufort salió despedido del auto y fue trasladado a un hospital de Colonia con heridas en la cabeza, el pecho y las piernas. El 2 de agosto, mientras John Surtees ganaba con la Ferrari para ilusionarse con su futuro título mundial, el piloto neerlandés moría a 200 kilómetros de Maarsbergen. Su hermana Cornelia, que lo acompañaba a todos lados excepto a Nürburgring, se enteró leyendo el diario L’Equipe de vacaciones en Francia.

Masterclass de Fangio en el Infierno Verde

El 4 de agosto de 1957 se dio la mejor carrera de la historia de la Fórmula 1. Ese día, Juan Manuel Fangio ganó el Gran Premio de Alemania y obtuvo su quinto Mundial tras una victoria inimaginable.

La sexta fecha del Campeonato Mundial lo tenía a Fangio a las puertas de su quinto título. Pero entre su Maserati y la bandera a cuadros estaba Ferrari y esa capacidad de correr de principio a fin sin pasar por boxes a recargar combustible ni cambiar cubiertas. El argentino, en cambio, debía cambiar las gomas, por lo que necesitaría generar en la pista una distancia de medio minuto para tener un pit stop bueno de 20 segundos.

El Chueco cumplió con su parte de la estrategia: le sacó 29 segundos a Mike Hawthorn (Ferrari) y entró a boxes. Pero, al cambiar los neumáticos, la tuerca de la rueda trasera izquierda quedó debajo del Maserati, imposible de ver para el mecánico, quien tuvo que esperar que le alcanzaran una nueva cuando ya habían pasado 52 segundos.

La victoria parecía una utopía pero no lo fue por la capacidad de Fangio, que usó marchas más altas, fue bajando récord y en la penúltima vuelta lo pasó a Peter Collins y luego alcanzó a Hawthorn.

“Cuando él se abrió, me pude meter y agarrar la recta sin la succión de los coches. Y gané por cuatro segundos la carrera. Lo lindo es que los dos pilotos vinieron a abrazarme después de la carrera, como si fuera su padre”, recordó Fangio tiempo después sobre una carrera que seguidores de todo el mundo calificaron como la mejor de la historia.

Nürburgring era uno de los circuitos favoritos del Chueco y uno en los que más le gustaba competir. Sin embargo, ese día corría con la desventaja de los neumáticos, que se consumían demasiado rápido. “En mi cabeza siempre pensaba que podía ganar la carrera, pero esta carrera estaba casi perdida para mí, así que tuve que arriesgarme, y eso es algo que nunca antes había hecho en mi vida“, le dijo a Adam Cooper en Autosport magazine, en diciembre de 1989.

“Para mí -agregó-, esta fue la carrera más emotiva. Me llamaron meister (maestro en alemán). Simplemente, ahora puedo decirlo: nunca pensé que podría ganar esta carrera, pero me arriesgué por primera vez en mi vida. Fue mi última victoria en un gran premio. Al año siguiente tomé la decisión de retirarme: me estaba haciendo viejo. La gente piensa que me retiré porque Luigi Musso falleció en Reims, pero no fue así. Vi el accidente, estaba justo frente a mí cuando se estrelló, pero no sabía que había muerto. Pero mientras conducía en esa carrera comencé a pensar, ¿qué estoy haciendo? Vine aquí (a Europa) para competir durante un año. Nunca pensé que iba a ganar carreras, y tengo 10 años corriendo y gané cinco campeonatos mundiales. ¿Qué estoy buscando?”.

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