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miércoles, 7 diciembre, 2022

Si Charly García no puede cantar como antes, ¿por qué se sigue subiendo a un escenario?

En la Argentina hay dos grandes fábricas. Son invisibles, pero existen. La primera de ellas es la Fábrica de Forjar Ídolos. La segunda, la de al lado, es la Fábrica de Aniquilarlos. Nuestro país, esta bendita sociedad, tiene una larga tradición en generar figuras populares paternalistas para luego, pasado el maremágnum exitista, destruirlas sin piedad.

A veces arrojándolas al abismo del olvido, otras exponiéndolas en las primeras planas de los medios como algo ominoso, un ejemplo que nadie debería seguir.

¿Por qué necesitamos ídolos? Un ídolo es una figura extremadamente popular que puede salir del deporte, de la música, del cine o de cualquier otra disciplina. Un ídolo suele ser depositario de los deseos colectivos (generalmente no realizados), pero también de las más profundas y oscuras frustraciones de la masa. Se necesita un ídolo porque solemos no creer en nosotros mismos como sociedad.

Charly quiso ser parte de los festejos por sus flamantes 70. Hizo lo que pudo sobre el escenario. Foto Martín Bonetto.

Inmediatamente después está el asunto de la hipocresía colectiva. Charly García lo tiene muy claro y lo ha dicho en un par de reportajes: “A mí me pagan para ser una estrella del rock, para hacer cosas que los demás no se animan a hacer. Esto a algunos les jode, problema de ellos”.

Y ahí es donde probablemente Charly se equivoque. O no esté viendo la fábrica de al lado. Hay una delgada, tenue línea divisoria entre el éxito y el exitismo. Hay una baldosa floja que ningún ídolo debería pisar si no quiere terminar convertido en carne picada. Porque el circo romano de la masividad en el siglo XXI es mil veces más despiadado que otrora.

La Charlymanía pandémica

Cualquier sociólogo más o menos conocedor de su profesión se habrá hecho un verdadero picnic este sábado cuando las redes de todo un país fueron invadidas por fotos, videos y comentarios llenos de halagos, adulaciones y lisonjas por los 70 años de García. Facebook, Instagram, Messenger, Twitter…todas ellas explotaron por los aires con este impensado tsunami de “Charlymanía”.

Hilda Lizarazu fue una de las artistas invitadas al festejo por los 70 de Charly. Foto Martín Bonetto.

Jamás se había visto algo así anteriormente. Fue una compulsión masiva exacerbada. Enormes artistas argentinos cumplieron años en estos días (sin ir más lejos José Larralde, el más grande exponente vivo del folklore argentino, cumplió 84 un día antes y nadie se enteró), pero en las redes apenas movieron la aguja.

Más aún: cuando el mismo Charly cumplió 60 años, los festejos no le llegaron ni a los talones a lo sucedido este sábado. Con que… ¿de qué se trató realmente semejante muestra de histeria colectiva? Es una buena pregunta.

Charly ya no canta como antes

Charly ya no puede cantar como antes. Esto es un hecho. Basta mirar los videos de lo que sucedió en el CCK para darse cuenta. Está bien, técnicamente nunca fue un gran cantante, eso es verdad y también suele relatarlo él mismo cuando cuenta que en la secundaria sumó a su grupo To Walk Spanish una voz como la de Nito Mestre.

“Nito estaba en una banda donde era el cantante, ellos tenían un buen cantante y nosotros no. Pero mi banda tenía mejores instrumentistas”. Sin embargo Charly puede cantar aún, simplemente porque es Charly. No necesita un amplio rango vocal, ni técnicas depuradas ni dar un Do de pecho. Simplemente aparece en el escenario (en el estado de salud en el que se encuentre) y fin de la discusión.

Del resto se encargarán Rosario Ortega, Hilda Lizarazu o el Zorrito Quintiero. En este punto hay que destacar, además, que dentro de los parámetros de la música cantada se deben distinguir a los grandes cantantes de técnica portentosa de aquellos cantantes que exhiben una gran personalidad. Roberto Goyeneche, Bob Dylan, Adriana Varela, Leonard Cohen dan cuenta de esto.

¿Por qué?

Pero si Charly no puede cantar como antes, entonces ¿por qué se sigue subiendo a un escenario?

Bueno, porque además de lo que pueda hacer con su voz se trata de un magnífico compositor de canciones, un letrista refinado, un hábil tecladista, un showman fuera de serie. Y sigue dando muestras de todo ello. Pero, además, hay otra respuesta, que sólo la tienen los grandes artistas. Sandro la sabía, Mercedes Sosa la sabía. Como también la saben The Rolling Stones.

Es una respuesta muy simple: cuando el artista deja de actuar se produce una triste muerte en vida. Es una muerte fulminante. No hay retorno.

Todos queremos a Charly. Lo queremos ver bien. O todo lo bien que se pueda, que él mismo pueda. Sin embargo, allá en el fondo hay una luz roja de alarma encendida, y parece que nadie la ve.

La Fábrica de Aniquilar Ídolos tiene sus puertas abiertas y está esperando. Y Charly es el gran ídolo argentino que aún nos queda. ¿Convendrá seguir exponiéndolo de esa manera? ¿Tenemos que seguir sublimando en él todos nuestros anhelos?

No vaya a ser que por canalizar nuestros deseos de volver a pensarnos vivos después de la pandemia, o por esa eterna necesidad de sentirnos triunfales en algo, en lugar de preservarlo terminemos destruyéndolo. Aniquilando así a nuestra última Gran Máquina de Ser Feliz.

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