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sábado, 21 mayo, 2022

Jorge Formento, el locutor que reedita Feliz domingo en fiestas empresariales: el día que huyó de la TV y otros recuerdos

El 16 de enero de 1988, a Jorge Formento lo mandaron a cubrir el alzamiento carapintada en Monte Caseros, Corrientes. Era empleado de Nuevediario y ya tenía procesadísima la decisión: no más actualidad pesada, lo suyo era exclusivamente la locución. Así, cuando Aldo Rico se rindió, Formento pegó la vuelta y presentó su renuncia al noticiero. “Yo quiero ser feliz, no periodista”, le dijo en la cara a Alejandro Romay. Y se compró un taxi. 

De esa y de otras tantas aventuras supo bajarse sin nostalgia cuando la aguja del rating disparaba. Prefería el anonimato como tachero que la sobreexposición asfixiante de ser la cara de las noticias de un país en llamas. La fama era una consecuencia, pero no su motor. Hoy se lo puede ver animando la fiesta popular del Caballo de la ciudad bonaerense de Vedia, o tomando un colectivo por su barrio, San Telmo. No es extraño que le griten “la cinta, Gonzalito” o “un programa hecho con… amor”.

También le recuerdan a viva voz el “Alcoyana Alcoyana” de su participación con Berugo Carámbula en Atrévase a soñar. Formento (60 años) sabe que podrá borrarse su cara del recuerdo popular, pero no su voz. 

En casi 25 años de Feliz domingo, hubo censura, saltos de NBA alrededor del cofre de la felicidad y hasta un deceso en el estudio. Cerca de cuarenta mil egresados pisaron Bariloche, después de pasar por el veredicto del escribano Prato Murphy y de surfear el ping pong de preguntas y respuestas “sin repetir y sin soplar”. En esa fenómeno televisivo encabezado por Silvio Soldán, una garganta imprimió su huella: la de ese preceptor que terminó animando seis temporadas, de 1989 a 1994.

Jorge Formento y Silvio Soldán en “Feliz domingo”

Locutor egresado de COSAL en diciembre de 1984, celebra en silencio sus 37 años con la profesión. Trabajo no le falta: es presentador en Crónica, la voz del estadio en la Bombonera y la voz institucional de Mucha Radio (FM 94.7, donde conduce ciclo nocturno propio). Lo increíble es que sigue animando el negocio de la nostalgia. Lo contratan las empresas para eventos al estilo Feliz domingo, en los que los empleados juegan mediante prendas. La pandemia no mató el espíritu retro: las fiestas al son de “cada domingo renace la esperanza” y con premisas como el “Yo sé” se trasladaron a Zoom.

Trabajaba como preceptor del Nacional 7 de San Telmo en doble turno cuando comenzó la carrera de locutor. Su tío Luis Ángel, que escribía en La Razón, lo desalentó en la idea de ser periodista deportivo y lo animó remarcando la potencia de su voz. El primer trabajo en el rubro lo consiguió en 1984, en Radio Buenos Aires, cuando se ofreció ante el jefe de locutores. Era 28 de diciembre y la respuesta sonó a broma del día de los inocentes. “Empezás el 31 a la noche”, le advirtieron. “Ese día te va a escuchar solamente tu familia”.

A los 60, Formento tiene cinco ocupaciones a la vez. (Foto Lucía Merle).

Tras un paso por El Mundo y Splendid, entendió que era en la televisión en donde un locutor podía obtener mejores ingresos. La primera mano se la dio el locutor al que admiraba, Juan Alberto Badía. Era 1986, Marcelo Tinelli se acababa de casar con Soledad Aquino y lo convocó para ese reemplazo en Badía y compañía. “El no me necesitaba, pero lo que quería era mostrarme. Así de generoso era Juan”, se emociona. “Me mandó a buscar la pilcha a una casa de trajes y di mi primer paso en un vivo”.

Por esos tiempos “se necesitaban voces claras ante la poca fidelidad de la radio y la televisión” y bastaba con golpear una puerta para ser escuchado. Cuenta que un día de 1987 se presentó en Canal 9 y se puso a disposición como locutor de cabina. Lo citaron para el día siguiente y le hicieron una prueba de cámara junto a Claudio Rigoli. Así llegó su tarea en Nuevediario, “un curso magistral de producción y realización” que duró solo nueve meses.

-¿Fue chocante salir de la televisión y ponerse a manejar un taxi?

-No. Vendí un Daihatsu y me compré un taxi Ford Falcon. Tenía la escuela de mi abuelo, que había sido taxista. Yo tenía un bebé de tres meses y Romay intentó retenerme. Trató por todos los medios de que no me fuera. Yo seguí haciendo cosas en el canal y en un acto de rebeldía hablé con el gerente de recursos humanos y le dije: “No quiero un noticiero. Yo quiero algo como Seis para triunfar o Feliz domingo”. Él me contestó: ‘¿Te bancarías un Feliz domingo?’. Enseguida cubrí el especial de casamiento de Susana Giménez y en enero de 1989 empecé por un mes reemplazando a Soldán, porque se había tomado vacaciones. “Te quedás”, me dijeron después, y lo hice hasta el final, 1994.

Jorge Formento y Silvio Soldán en “Feliz domingo”

El día que escapó del estudio de Feliz Domingo

Criado en una casa de inquilinato de San Telmo, propiedad de su abuelo, creció entre tres hermanos y “decenas de tíos y abuelos postizos”. Su madre, española de Lalin, Pontevedra, era costurera, y su padre, un empleado del rubro licitaciones. La radio sonaba a toda hora, pero la vocación no era clara. “Cada vez que me preguntaban qué quería ser de grande, contestaba ‘el 9 de Boca’, o ‘jubilado’, porque estaba todo el día entre personas mayores”.

A los 15 trabajó en una casa de ropa en Balvanera y después atendió un kiosco. Cinco años después de recibido de locutor, ya lo reconocían dos de cada tres transeúntes. En ese hito del aire que comenzó dedicado a la tercera edad (se llamaba al comienzo Domingos de mi ciudad y era conducido en 1970 por el actor Orlando Marconi), Formento presentó a una estudiante talentosa llamada Elena Roger y confirmó los vaivenes de la educación argentina: no era extraño que escuchara disparates como “Chile es una provincia argentina”, en respuesta estudiantil del ping pong de preguntas.

Ex preceptor, el animador estuvo varias temporadas guiando a los estudiantes que participaban en “Feliz domingo”.

El clima dominical de Canal 9, donde pasaba 10, 15 horas era tan sofocante como chistoso. “Recuerdo que en las primeras emisiones me hacían plano americano y los productores o técnicos me tiraban de los pelos de las piernas para que gritara”, se ríe el que marcó una época, entre cantitos del estilo “a ver, a ver, cómo mueve la colita, si no la mueve la tiene paspadita”.

El domingo 20 de diciembre de 1992 hizo lo que nunca imaginó en su prolijísima senda profesional: escaparse de un programa sin aviso. Fue cuando Boca Juniors disputaba la última fecha del Apertura 1992: después de 11 años, el equipo del “Maestro” Óscar Washington Tabárez podía ser campéon. Jorge, no lo dudó: “Silvio: ¿Me bancás si me voy a la Bombonera?”, le preguntó a Soldán.

Ante el visto bueno, dejó a la estudiantina delirando y disparó maquillado y con traje a La Boca. El termómetro marcaba cerca de cuarenta grados. No tenía entrada y rogaba que alguna cámara no lo delatara ante el jefe, Don Romay. Todo salió perfecto: su equipo dio la vuelta olímpica tras empatar con San Martín de Tucumán 1-1. Eso sí, hubo consecuencias: aniquiló el hilo que le quedaba de voz, a puro llanto.

Jorge Formento (Foto: Lucía Merle)

-¿Estuviste mucho tiempo desocupado en 37 años de locutor?

-No. Hace más de diez años, cuando se enfermó mi vieja, por decisión propia la acompañé en tratamientos y operaciones y dejé todo un largo tiempo. Primero había fallecido mi hermana y fue momento de acompañar. Estuve muy triste.

-Hubo un intento de “remake” en 2005. ¿Hoy podría subsistir en la televisión “Feliz domingo”?

-No lo sé. Es raro, hoy hay otras formas de comunicarse y en aquel momento era de las únicas opciones para ver en vivo. Imposible que en tantas horas no lo vieras aunque sea un rato. Yo era fanático del programa en la mejor época, antes de formar parte, cuando jugaba desde mi casa con Soldán y las duplas con Leonardo Simons y Jorge Rossi. La alegría era contagiosa.

-¿Estás a favor de los viajes de egresados gratis para 220 mil jóvenes de la Provincia?

-A favor. Todos los chicos que terminaron el secundario hicieron el mismo mérito. Es un buen gesto. Después la vida ya se va a encargar de marcarles las diferencias. Opino que la meritocracia es divina si todos partiéramos del mismo origen.

-¿Te prestás a presentar actos políticos? Alguna vez presentaste a Lavagna…

-Al único acto que fui por propia voluntad fue al de Raúl Alfonsín en Ferro, en 1996. Fui no como admirador del radicalismo, pero sí de su figura, y no cobré de ninguna manera. No quise. Lo presentamos junto a Graciela Mancuso.

A los 60, voluntario de la vacuna de Pfizer, separado, cuatro hijos, una nieta y un Martín Fierro como mejor locutor (1996, FM Feeling)  vive a pasos de club del que es vitalicio, Boca Juniors. Jura que no cuida su voz, que mantiene el mismo calibre: fuma desde los 14 y hace “lo que no se debe”, gritar los goles xeneizes.

“Tengo una voz amable. No estoy peleado con ella, pero no es que me encante mi voz. La mía fue una carrera milagrosa. ¿Quién iba a decir que este pibe de San Telmo sin vocación iba a llegar a esto? Subo a un bondi y a veces no me quieren cobrar. Claro que no dejo que sea así. O llamo a un cerrajero y me dice: ‘No, dejá, esto va por todo lo que me hiciste divertir'”.

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