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domingo, 25 septiembre, 2022

Tocaban el violín de la abuela y ahora llegan a Obras

En “La Casita” pasaron cosas. “Ahí nació gente, hubo velorios, bautismos, casamientos; es un punto energético, es el templo“, dice Valentín. Es el lugar donde, con las ínfulas adolescentes a flor de piel, empezó a construir las primeras melodías, o algo por el estilo, con su hermano Máximo, trillizo junto con Camila.

También es donde Santiago tocaba el violín de la abuela Nora, al que rescató de entre las telarañas de un baúl y donde Sebastián estrenó sus delirantes improvisaciones. Es donde los cinco hermanos Andersen jugaban a ser una banda, en previas con amigos.

Es, finalmente, donde alumbró El Plan de la Mariposa, esta incipiente formación musical de Necochea que ahora llega a un escenario soñado por cualquier artista: un show en vivo en el mítico estadio Obras.

“Algo zarpado”

“Obras es un lugar sobre el que siempre hemos escuchado. Si bien no somos de la generación que vivió su esplendor o las cosas más míticas que han pasado por allí, hemos escuchado un montón de grabaciones, de discos en vivo, de Sumo, de escuchar las bandas que nos gustan y que han tocado ahí”, dice Valentín.

El guitarrista y vocalista, de 31 años, admite el valor de llegar a ese escenario, donde tocarán el próximo domingo 7 de noviembre: “Es algo zarpado tocar en ese lugar tan emblemático del rock nacional”.

Sebastián (37), el mayor de los hermanos, voz y líder, asiente: “En la carrera del Plan es algo de lo que nos vamos a acordar para siempre. Además, creo que cuadra con muchas cosas: la salida del aislamiento, la vuelta al pogo…”

No es un Obras y nada más”, agrega y completa: “Es como el fin de una etapa y una gran celebración; un encuentro cercano e íntimo con el público del Plan, que después de esta pandemia está fortalecido, con ganas de compartir”.

Los cinco hermanos Andersen se convirtieron en una banda de rock: El Plan de la Mariposa.

Un plan familiar y de transformación

La banda de “rock libre”, que se completa con Andrés Nör (bajo) y Julián Ropero (batería), se retroalimenta en cada show. Cualquiera que haya ido a ver al Plan en vivo puede dar fe de esa energía especial, de la unión grupal, del ambiente familiar y de la profunda comunión con su público.

Basta con escuchar Savia, la canción para su mamá, a quien un cáncer se llevó demasiado pronto pero que sigue iluminándolos, a ellos, a papá Haraldo, y a Lolo, el más chico de los seis hermanos.

En el top 3 de preguntas de cada entrevista siempre está por qué se llaman El Plan de la Mariposa. Contesta Sebastián, y van… “Una de las primeras melodías, que hoy nadie recuerda, se llamaba así. Pero tiene que ver también con ese gusano que se arrastra, después se mete en la crisálida y se convierte en mariposa. Es una transformación, como la nuestra“.

Camila Andersen, integrante de El Plan de la Mariposa.

Apuntala Valentín: “Era una línea de piano que tenía Maki (NdR: su hermano Máximo, a cargo de los teclados y del acordeón), de espíritu aventurero, épico. En esa época, con 15 años, nos juntábamos todos los viernes, mano a mano, en La Casita, improvisábamos con la luz apagada, él en el piano y yo con la guitarra”.

“Había unas alitas de mariposa de niño, tipo tutú. Colgábamos esas alitas del picaporte de la puerta para acordarnos de cerrar la ventana del baño después de todo ese flash instrumental psicodélico. Ahí se nos ocurrió, entre los nombres posibles, El Plan de la Mariposa”, agrega el único zurdo de la familia.

Santiago Andersen (violín) y Sebastián Andersen (voz), de El Plan de la Mariposa.

Tiempo de estreno

En Obras será tiempo de una nueva presentación formal del disco Estado de enlace, el quinto en la carrera de la banda, lanzado el año pasado en plena cuarentena por el Covid-19. Ya hubo shows en el Teatro Ópera de Buenos Aires y giras por el interior del país, pero también en teatros, con espectadores sentados.

“Obras va a estar cargado de todo el envión que fue para el público estar sentado en este tiempo que pudimos tocar, cuando la energía del Plan siempre fue de mucho baile, mucho movimiento. Las canciones de Estado de Enlace se van a redescubrir en ese ámbito, porque hasta ahora todo ha sido con la energía más contenida”, advierte Valentín.

Los cinco hermanos Andersen se convirtieron en una banda de rock: El Plan de la Mariposa.

Santiago (34), primer hacedor de canciones, energía incansable en el violín, amo y señor del pincel, recuerda el rescate del instrumento de cuerda de su abuela materna. “Había que hacerle una puesta a punto y revivió. Salió andando, y con ese toqué por un montón de años. También del lado de papá había uno de mi bisabuela, que vino de Dinamarca, una maestra de escuela. También lo toqué bastante”.

Camila, voz e imprescindible aporte como única mujer entre tantos hombres, aún recuerda el “dale Cami, vení” de aquellas jornadas en “La Casita”. Venció a su propia resistencia y hoy hace brillar al resto.

“Todos los pasos del Plan no dejan de sorprenderme, es como ir subiendo una montaña pasito a pasito, donde el paisaje es cada vez más hermoso. Me recuerdo a mí, toda tímida, impulsada por esta tribu de hermanos que me rodea, a iniciar este viaje”. Un viaje que ya agendado tiene un próximo paso: Obras, ni más ni menos.

E.S.

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