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jueves, 11 agosto, 2022

Charly García en vivo en el CCK: homenaje por el cumpleaños 70 del músico

Con sus setenta años cumplidos, Charly García fue recibido en el Auditorio Nacional con una ovación ensordecedora. Si bien desde temprano se tejían rumores sobre su presencia recién al final de la tarde se confirmó y la estrella del rock llegó con Fito Páez, un invitado fuera del menú.

Menú algo corto para el gusto de su audiencia, pero valioso en términos emocionales. Se levantó el telón y Charly ya estaba ahí, no como un invitado que llega a saludar sino como uno más de la banda y con su estrella encendió el recinto que quedó pequeño para tanto amor.

El set abrió con Cerca de la revolución, del disco Piano Bar (1984), un tema que preanunció un concierto que tenía todas las características de un mimo a este artista que sigue emocionando a su público. Un comienzo adecuado de esta celebración con un espíritu de agradecimiento a la música de García.

Siguieron Promesas sobre el bidet, que sacudió al público que parecía encandilado por la presencia del Charly, dejando por momentos de lado la música para corear su nombre, agitar banderas y disfrutar del festejo. La música parecía por momentos la excusa ideal para brindarle su corazón a su estrella.

Charly junto a Hilda Lizarazu, en un show emocionante. Foto Martín Bonetto

Vestido con un saco blanco con brazalete negro y anteojos negros, remera negra con un escorpión (su signo) y sombrero negro permaneció sentado en su sofá rojo, rodeado de un piano de cuarto de cola y un set de teclados.

Aportó en cada tema alguna armonía elegida para darle algún color especial, un arreglo, un acorde que hacía de colchón detrás de la melodía, todo con su inefable buen gusto; un pianista y compositor que tiene un duende único e inagotable.

Subió al escenario con un grupo de combustión inmediata, con Fito Páez y el Zorrito Von Quintiero en teclados, Alfredo Toth en bajo, Pablo Guyot en guitarra y Fernando Samalea en batería e Hilda Lizarazu y Rosario Ortega en voces.

Entusiasmados por rodear a Charly, arroparlo musicalmente, la banda sonó encendida. Una energía que se transmitió al público que hacía rato que había abandonado las butacas para de pie cantar con el grupo cada una de las estrofas, sobraba energía emocional y el festejo cumplía con las expectativas, nada hubiese sido lo mismo sin ese rato que Charly le regaló a su gente.

Y más de Piano Bar con Raros peinados nuevos, con el grupo más relajado y las voces de Fito, Hilda y Rosario logrando elevarse por encima del público que seguía el tema. Charly se señalaba a sí mismo cuando cantaban “Sólo quiero ser un enfermero”. Una versión que respetó la original y que mantiene esa frescura según pasan los años.

A esta altura del concierto, el ambiente era tribunero, empujado además por las arengas del Zorrito, el auditorio pareció convertirse en una cápsula del tiempo, con dos de los grandes artistas del rock en una saludable comunión artística. Antes de entrar en el segmento final, Hilda comenzó a cantarle el feliz cumpleaños, al que se le sumaron todos, músicos y público, tan potente como sentido. Charly irónico señaló: “Un año menos”.

Y largan Demoliendo hoteles, también de Piano Bar, un rock histórico, sólido y con una letra que genera una adhesión inmediata. No es casual que Charly y el grupo hayan elegido los cuatro temas de Piano Bar, uno de los grandes discos del rock argentino, de su etapa solista y que sintetiza una etapa rockera y hasta escandalosa pero espléndida de García como pianista, cantante y compositor.

Se despidieron con Canción para mi muerte, de Vida, el primer disco de Sui Generis, que sonó como una paradoja que el cierre fuese con una canción de sus comienzos, en la que tocó un arreglo que enfatizó el clima y tarareó por momentos la letra.

Fue una pequeña pieza de colección ver a Charly sumarse al grupo con esta canción que tiene 50 años y una melodía que resuena en la memoria de sus seguidores. Cerró el telón y Charly tomó el camino de salida, acompañado por el afecto sin más despedida que ese puñado de canciones que nos transportó a una época de este genuino artista que trascendió el rock.

La emoción del público en el CCK. Foto Martín Bonetto

Su presentación fue parte del homenaje que se realizó este sábado, con la presencia de una amplia cantidad de músicos que recorrieron la obra de uno de los artistas argentinos más importantes de la historia.

Un homenaje con distintas miradas

El desafío de hacer canciones de artistas como Charly García, cuya obra está grabada en el imaginario colectivo, es lograr transmitir su esencia y, en el mejor de los casos, ofrecer una mirada diferente que no pierda de vista la esencia.

Algo que Diego Schissi desde el piano y Diana Arias desde el contrabajo hicieron en el tramo final del segundo bloque de la celebración de los 70 del músico, en el CCK.

Con un abordaje desenfadado y cariñosamente irrespetuoso del García original, el dúo se metió con pasajes de Nos siguen pegando abajo, de Clics modernos, en una especie de acertijo que planteaba descubrir qué tema era el que estaba sonando, deconstruido y reconstruido como si se tratara de una pintura cubista en la que las partes resignifican el todo.

Sonia Alvarez abrió el fuego con su arpa y pasajera en trance.. Foto Télam

Pero no es ese el único camino posible. Mucho antes, Santiago Vazquez había recreado Rezo por vos desde un plan percusivo, mientras Sonia Alvarez apostó a Pasajera en trance acompañada con el arpa. Ambos, con un notable respeto por los originales, a pesar de lo “exótico” de la instrumentación.

Sorpresas y confirmaciones

Una de las sorpresas de la jornada, tal vez, la dio Clara Cantore, con una versión de Superhéroes en dúo de bajo y batería, en cuyo marco asumió el rol de bass-hero, mientras la canción zigzagueaba entre cambios rítmicos.

Todo, después de superado un arrebato de violencia en las primeras filas de la platea, que terminó con varios expulsados de la sala y algunos espectadores mandando a “la escuela” a quienes provocaron protagonizaron el altercado. Apenas unos segundos de interrupción en el segundo bloque de una fiesta maravillosa. 

Lejos de ese mal momento, inmediatamente después de Alvarez fue el tiempo de Hernán Jacinto para una versión instrumental de Cuchillos, extendida en una improvisación que sacó por un rato el tema de su eje, para devolverlo justo antes del final.

Sof Tot, en tanto, aportó arreglos barrocos para Amo lo extraño, mientras Vruma se acercó al tango, desde la autoridad de su voz, para interpretar Confesiones de invierno, con una fidelidad absoluta al clásico de Sui Generis que dio título al segundo álbum del dúo. Ambos, en una línea similar en la que, a su turno, Darío Jalfin interpretó Canción de 2 x 3 y Nico Sorín Quizás porqué

En ese marco, tal vez una de las conclusiones más interesantes pasa por la coherencia que mantiene la obra de García, más allá de la etapa que sea abordada y, también, independientemente del género o del estilo desde donde sea planteada la aproximación a sus canciones. Por supuesto, a veces con resultados más felices y otras no tanto.

Con ustedes, la libertad

Para el cierre, el trío formado por Ernesto Jodos en piano, Sergio Verdinelli en batería y Mariano Otero en contrabajo, le puso la frutilla a un postre con diferentes sabores, todos enlazados por un artista que hace rato trascendió las fronteras de eso que llamamos “rock nacional”.

En un plan jazzero, el combo Jodos-Verdinelli-Otero desarmó y armó una y otra vez Ojos de videotape, que jugó como leit motiv de una aventura musical llevada con elegancia, solvencia y, también, devoción por la obra del inventor de Say No More.

 E.S.

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