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lunes, 5 diciembre, 2022

Charly García cumple 70 años: un comienzo de celebración a toda orquesta en el CCK

Y de pronto, Charly García está cumpliendo 70 años. El tipo que ayer no más le cantaba a su muerte junto a su compañero de la escuela que estaba ahí es un señor de siete décadas. Y de varias vidas.

Buenas, malas, con éxitos conseguidos del otro lado de las trompadas, después de elevaciones, caídas, resurrecciones, iluminaciones, decepciones y oscuridades, Charly llegó a los 70, y acá, este sábado 23 de octubre a las 14 en el CCK, la celebración se pone en marcha con un recorrido de su repertorio a cargo de una orquesta de cámara dirigida por Julián Caeiro y Pablo Salzman.

Frente a ellos, una formación integrada por tres violines, tres violas, dos cellos, contrabajo, flauta, oboe, corno, percusión, piano y un órgano Wurlitzer -y si no lo era, al menos tenía un gran parecido-, ejecutado por músicos que lucen el brazalete de Say No More. 

El Auditorio Nacional del CCK funcionó como una perfecta caja de resonancia para la formación de cámara. Foto Télam

Cincuenta años de Vida

El inicio es con Confesiones de invierno, que suena como si saliera de una cajita musical, como aquella que Charly tantas veces contó que lo fascinó, en su más tierna niñez. Y enseguida queda claro que García es, además de rock, música de cámara, clásica y moderna.

Las cuerdas crecen y toman el protagonismo en esta fantástica caja de resonancia que es el Auditorio Nacional, y por dentro uno canta. Todos cantamos, en silencio. Y este silencio que completa lo que nos llega desde el escenario es atronadoramente conmovedor.

Hay tanta vida acá. Tantos amores, desengaños, dolores, sexos, alegrías, resacas… Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris nos recuerda que los 70 de García son los 50 que llevamos escuchándolo. 50 años de Vida. 50 años de vida.

¿Cuántos de los 16 músicos que están sobre el escenario habían nacido para el tiempo en el que Charly ya andaba por el mundo cantando Cuando ya me empiece a quedar solo, que es lo que tocan ahora? A simple vista, ninguno.

El brazalete de Say No More en los brazos de los músicos, como un símbolo incontrastable. Foto Télam

El piano manda en Alto en la torre, desde donde el músico miró mucho de los que pocos podían ver. ¿Acaso es justo pedirle más a alguien que hizo lo que hizo cuando había que hacerlo, cuando hizo falta y nunca como hasta ahí nomás, ni como viviendo en el pasado?

Música hecha a medida de la ocasión

Alto en la torre tiene un sinfonismo que hace que no haga falta agregarle nada. La canción es lo que es. ¿No será que la música que sonaba en la cabeza de Charly, mientras la escribía sonaba exactamente tal como la estamos escuchando aquí?

Los arreglos del tándem Caeiro/Salzman respetan a rajatabla las líneas melódicas de los temas, lo cual deja en evidencia que no hay mucho que agregar, ni sacar. Las canciones de Charly se revelan, entonces, como exactas.

Cinema Verité abre la segunda sección del programa y, de nuevo, lo que suena pone a al descubierto casi sin querer el carácter de cada etapa transitada por el hombre a lo largo de su carrera. Y claro, la influencia pop que comenzaba a prevalecer en el Serú post ’80 hace que resulte un poco más difícil el encuentro entre el arreglo y la canción.

La dirección y los arreglos aplicaron con justeza al carácter de la obra de García. Foto Télam

Nada que no quede en el olvido cuando Desarma y sangra se apodera del momento, desde un Wurlitzer -y si no lo era, se parecía mucho mucho- que aporta la densidad del órgano, que en breve se une a las cuerdas para conformar un combo imbatible. En la memoria, en tanto, se cuela la imagen de un Charly pivoteando tantas noches entre sus teclados en busca de ESE sonido.

Las cuerdas vuelven a ser el eje en Eiti-Leda, y para nada es casual que el tema, concebido en los útimos tiempos de Sui Generis tenga un calce perfecto en el formato orquestal. La intro de A los jóvenes de ayer va en línea con lo anterior; no así el desenlace de Peperina, que por un momento parece ir fuera de clima.

Es que quizá el verdadero experimento consistiría en acceder a estas piezas interpretadas en este formato pero sin saber que hay una letra detrás de cada una que las completan. Pero ya está; no hay manera de que eso suceda, porque ya hace mucho, esas letras nos marcaron para siempre.

El Bloque 1 de la celebración en el CCK dejó en evidencia que la música de Charly es ya una obra clásica. Foto Télam

El autor de nuestra banda sonora 

El Charly solista hace su aparición en Superhéroes, que parece la banda sonora de una película; nada casual, cuando la de Pubis angelical iba a la par, en el lejano 1982. Ojos de video-tape se pierde en una larga coda que hace de pista para que el violín solista dibuje bellas figuras y deje abierto el juego para Yendo de la cama al living., con palmas del público incluidas. 

El cuarto bloque nos lleva a los ’90, de la mano de De mí que plantea un juego de contrastes entre el pianissimo de la estrofa y el estallido que anuncia su final, que dura apenas un instante. En cambio para Chipi Chipi la orquesta se viste de banda de jazz de salón, con un saxo soprano que se luce en su solo.

Es posible que Cuchillos sea una de las canciones más hermosas y profundas que haya escrito Charly. Ahora, en mi cabeza de karaoke escucho que cuando el cristal se apague en el mar, veré que toda esta canción es alegría, justo cuando la orquesta retoma De mí, para cerrar el concierto. “No te olvides de mí, porque sé que te puedo estimular“, cantan los instrumentos. Y será así, siempre.

E.S.

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