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domingo, 27 noviembre, 2022

Diez días en el olvido: cómo es la vida de la comunidad wichí en Salta con calor extremo, sin luz ni agua ni nada

El día a día de los integrantes de este pueblo originario acechados por la desnutrición y la enfermedad de Chagas.

Cómo es vivir sin agua ni electricidad en el medio del monte salteño. (Foto: Captura TN)

Todos somos wichis. La palabra con la que se denomina al pueblo originario que vive en el norte argentino significa “gente”. Entonces todos somos wichis. Todos somos personas: somos iguales, pero también muy diferentes. Viví 10 días en territorio Wichí. Compartí sus días con 50 grados de temperatura y sus noches a la luz de la luna. Viven sin luz, sin agua, sin casi nada. Viven en el olvido. Y esa es la diferencia que duele.

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Me alojé en el rancho de la familia del cacique Celestino. Él comparte su vida con Ana, su pareja de toda la vida y 2 de los 9 hijos que tuvieron juntos. Apenas llegué, buscamos un lugar donde yo pueda dormir. Había una piecita que, desde que su hija se fue a vivir al pueblo, había quedado desocupada. Fuimos a verla, pero estaba llena de vinchucas. Mejor buscar otro lugar.

Celestino, cacique del lugar. (Foto: Captura TN)

La vinchuca es la causante del Mal de Chagas, una enfermedad muy grave que es endémica en la zona. De los 7 millones de personas que padecen la enfermedad en Latinoamérica, 1,6 millones viven en la Argentina. En el país, nacen 1300 chicos con Mal de Chagas por año. La mayoría son wichis. Esta es la primera prueba del abandono.

Daniel Malnatti tuvo que dormir a la intemperie porque en la pieza había vinchucas. (Foto: Captura TN)

No encuentro la palabra justa para describir el calor en ese monte. Pensé en “sofocante”, “irrespirable” o “asfixiante”, pero me quedé corto. Por ahí la respuesta está en la suma de esas tres palabras. Porque los 50 grados de temperatura que hace al mediodía, levantan casi siempre un viento caliente, que a su vez levanta polvo que no te deja respirar. Y como si todo esto que pasa en tu cuerpo no fuese suficiente, en tu cabeza retumba una idea: ahí no hay agua.

En la zona los pozos de agua son una rareza. Entonces las comunidades se abastecen con camiones que vienen de los pueblos de la zona. En el caso de Celestino, él recibe agua que viene de vez en cuando de Santa Victoria Este. Él la almacena en un gran aljibe y la cuida como si fuese oro. Pero hasta que no la probé no lo creí: allí el agua es salada.

Es común que en la zona muchos chicos sufran de desnutrición. (Foto: Captura TN)

Con calor extremo y sin agua, la vida de los bebés y de los ancianos pende de un hilo. Una tarde, en medio de una conversación cualquiera, Celestino me contó que su nieta había muerto hace un par de semanas de desnutrición. Me quedé mudo. Entendí que la mansa aceptación en el relato de Celestino revelaba que a él ya no le sorprende el dolor. Y una realidad mucho más dura, si es eso posible: en la zona, no es raro que mueran niños por desnutrición. Eso más: eso es muy común.

La vida de los ancianos pende de un hilo ante las carencias que hay en el lugar. (Foto: Captura TN)

Los wichis son cazadores y recolectores. Hace siglos eran nómades, pero siempre vivieron de lo que les da el monte. Cuando se afincaron en el Chaco Central, una zona que hoy se llama Salta y Formosa, necesitaron siempre de grandes extensiones de monte alrededor. Porque del monte ellos sacan energía (leña), comida, y hasta los ladrillos de adobe y la madera con los que construyen sus ranchos.

Los wichis se afincaron en el Chaco Central, lo que hoy es Salta y Formosa. (Foto: Captura TN)

Lo que para el hombre blanco es solo tierra para desmontar, para el wichí es la vida. El monte es su sustento y es su patria. Por eso cuando los criollos llevan ganado a la zona o cuando desmontan para plantar soja, los van cercando. Los asfixian. Y cuando el Estado los deja solos, abandonados, se arma la tormenta perfecta. Una verdadera tempestad que los deja al borde de la extinción.

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