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jueves, 1 diciembre, 2022

La Selección de Scaloni y la reconciliación con la historia de la mano del fútbol que le gusta a la gente

Pasaron los tres partidos de octubre de las Eliminatorias, tras la esperada consagración en la Copa América de Brasil, después de 28 años de frustraciones y laSelección, aliviada por la vital circunstancia -especialmente por el giro psicológico explícito de Lionel Messi, su capitán y la máxima estrella del fútbol mundial en más de una década- dio un vuelco definitivo en la proyección de su estilo futbolero y en la repercusión popular consecuente.

Fueron siete puntos sobre nueve. Con un empate en Asunción ante Paraguay y dos triunfos en la cancha de River. Uno, con una demostración formidable de calidad y contundencia, frente a Uruguay y otro más costoso pero absolutamente justo frente a Perú.

Los resultados tienen una influencia relativa en la búsqueda de la identidad definitiva. Y algunos vaivenes en el rendimiento, también. Pero lo concreto es que -ya sin el lastre de la ausencia de títulos y producida la renovación requerida que llevó a cabo el director técnico Lionel Scaloni, apoyado por su equipo (Pablo Aimar, Roberto Ayala y Walter Samuel) y asimilando algunos conceptos vertidos en la intimidad por César Luis Menotti-, el plantel comenzó la etapa del CONVENCIMIENTO en sus propias posibilidades futboleras, hermanadas con la rica historia del fútbol argentino.

Esa identidad que todavía está en construcción pero que ya forma parte del ADN de los protagonistas, fue la que logró la identificación con la memoria y con el fervor del hincha argentino. Ese hincha que es capaz de festejar con sus entrañas cualquier tipo de juego de su equipo de simpatía con tal de festejar un buen resultado pero que con la Selección saca a relucir su verdadero gusto y sus exigencias sonoras. Porque se trata de un orgullo de exportación que no se detiene en banderías parciales.

Scaloni y su cuerpo técnico baja una idea y la idea se plasma en la cancha. Foto: AFP

Y por eso se puede decir, sin rubores, que esa demostración que se brindó frente a Uruguay está directamente relacionada con “el fútbol que le gusta a la gente” en la Argentina. La intención, especialmente. 

Scaloni y su gente tuvieron la virtud de congregar a un plantel de -especialmente- muy buenas condiciones técnicas individuales. Y le dieron vuelo al estilo, tan tradicional. El del juego ofensivo, el del protagonismo. El de la rápida recuperación del balón y en las variantes ofensivas. Que incluyen claro, las paredes, las gambetas, y aproximaciones combinadas en la entrada del área rival, además de las llegadas profundas por los laterales, a veces como prólogos para esos “encuentros” futboleros.

El bastonero de este andamiaje es -por supuesto- Leo Messi. Este Messi ya maduro (a los 34 años) que, conservando sus cualidades increíbles y sus salidas vertiginosas (quizá sin la explosión de antes) se transformó -ahora sí- en el líder total del equipo.

Lautaro Martínez metió el gol contra Perú y Messi, en una versión terrenal, volvió a ser el líder. Foto: Juano Tesone

Antes lo era por su habilidad. Ahora también con su voz de mando y su participación. Y con una ventaja: el equipo ya no depende totalmente de él en el juego. Está bien el sostén que se hizo de Leandro Paredes como volante central (antes era enganche) recuperando el viejo concepto: (“Decime quién es tu 5 y te diré cómo juega tu equipo”) y el crecimiento de Rodrigo De Paul hasta un nivel impensado. Y la levantada de Giovani Lo Celso, la capacidad goleadora de Lautaro Martínez. Sólo Otamendi y Di María quedaron de la vieja guardia. La El Dibu Martínez, el arquero, Molina, el Cuti Romero y Nico González son méritos absolutos del cuerpo técnico. Y la vuelta del Papu Gómez…

Falta poco más de un año para el Mundial de Qatar. Quedan seis partidos de Eliminatorias. La clasificación está casi asegurada. Lamentablemente casi no habrá chances de competir con las grandes potencias europeas. Sólo ese partido con Italia, campeón de Europa, a mitad de año. Habrá que ver si se mantiene la llama. La reconciliación con la historia ya funciona. Por eso la gente retomó la admiración. Esto es fútbol y siempre estará proclive a sorpresas. Pero se eligió un buen camino. Y la gente reconoce el fútbol que le gusta. La ilusión es lo último que se pierde.

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