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viernes, 19 agosto, 2022

Elizabeth Holmes, la multimillonaria más joven del mundo que ahora puede ir 20 años presa por estafa

La historia tiene todos los condimentos para una novela –algo ya se escribió- y para una película, que Hollywood está programando con Jennifer Lawrence en el protagónico. Pero, lo que transcurre por estos días, y probablemente hasta fin de año, es un mega juicio que atrapa la atención de buena parte de Estados Unidos. Se trata del caso de Elizabeth Holmes, la joven que convocó a magnates y personalidades de fama mundial, reunió miles de millones de dólares en inversiones sobre su presunta “empresa de salud” y que, finalmente, no era más que una fábula, una de tantas que surgen en aquel ambiente.

“Theranos”, la firma creada por Holmes, contaba en su Consejo con nombres como Henry Kissinger, ex secretario de Estado, y el multimillonario creador de Oracle, Larry Ellison. Entre los personajes que llegaron a invertir figuran nada menos que Bill Clinton, Ruport Murdoch y Carlos Slim y entre los que acaban de declarar en el juicio está el general Jim Mattis, un ex secretario de Defensa de Trump, quien depositó US$85 mil en la cuenta de Theranos para someterse a los análisis de sangre.

Esa era la cuestión: Holmes y su empresa prometían la detección rápida de cualquier enfermedad con un simple análisis de sangre.

Elizabeth Holmes, la fundadora de Theranos en la Corte. Afronta cargos por que pueden costarle 20 años de cárcel.

La mujer lo explicó cuando la rápida expansión de Theranos y sus “kits” de prueba –similares a los que se utilizaban para la detección de diabéticos- se hicieron famosos y aseguró que iba a construir la mejor empresa de prevención sanitaria: “Aquí, en California, puedo ir, comprar una pistola y dispararme, pero no puedo hacerme un test de vitamina D sin permiso. No lo entiendo. Es algo que, estoy segura, vamos a cambiar con el tiempo”.

En 2003 y a los 19 años, Elizabeth Holmes abandonó la carrera de Ingeniería Química en la Universidad de Stanford para fundar su empresa con un capital inicial de tres mil dólares. Ella tenía antecedentes en la medicina y en los emprendedores. Viene de una familia de inmigrantes húngaros, que levantaron una compañía de levaduras a principios del siglo pasado. El tatarabuelo paterno de Holmes era médico, fundó el hospital central de Cincinnati y la Facultad de Medicina de la Universidad estadual, en Ohio. También los padres de Elizabeth Holmes fueron destacados profesionales: Chris, el padre, trabajó en agencias gubernamentales de Desarrollo y la madre, como auxiliar en el Capitolio.

Con su audacia y relaciones familiares, a Holmes no le costó mucho atraer a los primeros interesados. Una década más tarde, Theranos comenzó a difundir sus presuntos avances científicos y hubo una oleada de inversiones. Alcanzó su cenit en 2015, tras seis rondas de inversiones que le permitieron recaudar 944 millones de dólares. A esa altura, Forbes valuó la empresa en 9.000 millones y Elizabeth Holmes –con el 50% de las acciones- se convertía en la más joven multimillonaria que ingresaba a esa codiciada lista por “medios propios”, sin que su fortuna proviniera de una herencia o un divorcio.

La presentaron así: “Biotech, la intersección entre la tecnología y el ámbito de la biología, es una de las palabras que más se repiten en Silicon Valley. Ahora el sector acaba de crear su primer gran mito: Elizabeth Holmes, soltera de 30 años, la primera mujer que alcanza una fortuna superior a mil millones de dólares por sí misma. (…). Aplicaciones, buscadores y algoritmos poco tienen que ver con su negocio. Lo suyo es la sangre. Su propuesta rompedora es una forma totalmente diferente de hacer los análisis. En Theranos (una mezcla entre las palabras, en inglés, terapia y diagnóstico), han puesto punto final a las agujas y a los tubos con muestras de sangre. Su innovación consiste en tomar una muestra mínima, una mera gota, para luego analizar los datos deseados”.

Otra nota exhibía su personalidad: “A pesar de su insistencia por mantener un perfil bajo, a Elizabeth Holmes se la compara con frecuencia con dos de los grandes ídolos de Palo Alto, Steve Jobs y Marck Zuckerberg. Con el primero, por su sobriedad en el vestir. A pesar de su belleza, de aire nórdico, insiste en lucir un uniforme muy similar al del genio de Apple: jersey negro de cuello vuelto y pantalones a juego. Con el fundador de Facebook se la compara por su ambición sin excusas, y por usar una antigua sede de la red social como cuartel general de su compañía. Los tres abandonaron las clases universitarias para hacer realidad su visión”.

Pero en los reportajes, Holms exhibía una vida austera, un departamento en Palo Alto en los que ni siquiera tenía aparato de tv.

John Carreyrou, periodista de investigación en The Wall Street Journal, reveló una imagen completamente distinta, citando una reunión familiar de Elizabeth a sus diez años.

-¿Qué quieres ser cuando seas grande?, le preguntó alguien.

-Quiero ser billonaria, respondió sin dudar la niña.

-¿No preferirías ser presidenta?, quiso saber el familiar.

-No, el presidente se casará conmigo porque tendré mil millones de dólares, dijo la menor.

Pero en 2016, al difundirse las primeras denuncias, Forbes eliminó a Elizabeth Holmes de sus listas, mientras aparecían las revelaciones de los propios empleados de la empresa sobre las presiones y los engaños en los tests. Ese año la cadena de farmacias Walgreens –que ofrecía las pruebas de sangre en California y Arizona- anuló el acuerdo con Theranos, cuando llovían las denuncias de pacientes porque nunca se les entregó el diagnóstico prometido.

Poco antes, John Ionnidis, profesor de la Escuela de Medicina en Stanford, denunció a Theranos ante la Asociación Médica Americana: “Usan la atención de la prensa para emocionar al público y no someterse a la revisión de la comunidad médica, proceso típico para cualquier innovación biomética”. Las investigaciones en The Wall Street Journal cuestionaron la efectividad y precisión del aparato Edison, diciendo que exageraba sus servicios.

Holmes replicó: “Esto es lo que sucede cuando quieres cambiar las cosas. Primero piensan que estás loca, luego te combaten. Finalmente, cambias al mundo. Debo decir que me sorprendió que The Wall Street Journal publicara tan mal artículo…” Finalmente, las inspecciones de los organismos de salud federales revelaron todo el engaño y la falta de protocolos. Theranos se derrumbó.

En el juicio en los tribunales de San Jose, California –que comenzó con demora por la pandemia y por la reciente maternidad de Elizabeth Holmes- ésta enfrenta 12 cargos de fraude y conspiración, y la posibilidad de una pena de 20 años. Ella ya se declaró “no culpable” y la línea maestra de su abogado, ya expuesta ante el jurado, es: “El fracaso no es un crimen”. También podrían recargar las culpas sobre su exsocio, Ramesh Balwany, apodado “Sunny”. Los abogados de Holmes anticiparon que Balwani era el verdadero manipulador técnico de la compañía y que la mujer se ocupaba sólo de la gestión financiera.

Robert Leach, el fiscal del caso, ya exhibió documentación de las farmacéuticas – Pfizer incluida- donde aseguran que nunca avalaron los informes de Theranos.

Según escribió The New York Times “De acuerdo con los fiscales, Holmes estaba consciente y mentía a los inversionistas, a los doctores y a los pacientes para continuar recaudando dinero”. “En términos de cuánto dinero el gobierno dice haber perdido, este caso no es el mayor fraude en el sector sanitario del año pasado. (…) Pero en lo que se refiere a atención mediática, ciertamente es uno de los mayores casos de la década”, dijo Jason Mehta, un abogado y exfiscal especializado en fraude sanitario.

Algunos la consideraron una millonaria y hasta se atrevieron a compararla con Steve Jobs. Poco después, y con miles de millones de dólares evaporados, las máquinas del milagro no habían funcionado. Sólo quedó el engaño.

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